Mística y extraordinaria

Te emociona soñar con un viaje a algún sitio remoto y ¿casi virgen? Imagina que llegas a una lejana isla, cuya superficie está cubierta por vegetación de verde intenso, donde hay cascadas de agua dulce y fresca por doquier, que está rodeada por un mar de color azul profundo en el que encuentras innumerables formas de vida, desde las más pequeñas, como las aguamalas, hasta las más grandes, como los tiburones ballena... Suena bien, ¿verdad? Entonces... deberías darte una vuelta por la maravillosa Isla de Cocos!

 

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Desde su descubrimiento por el piloto español Juan Cabezas, en 1526, la Isla de Cocos se ha visto envuelta en muchas leyendas. Una de ellas, la más importante, relata la historia de los piratas William Dariens, Benito espada sangrienta Bonito y William Thompson, que escondían ahí sus incontables tesoros, entre los cuales se halla, dice la leyenda, una valiosísima figura de la virgen con niño de tamaño natural en oro puro. Sin embargo, el tesoro más bello con que cuenta la Isla de Cocos es la extraordinaria diversidad marina que incluye especies del continente, del Pacífico Central, Occidental y del oceáno Indico. Esta gran concentración de vida se debe a las corrientes marinas que convierten a la isla en un punto de convergencia.

La Isla de Cocos, que pertenece a la república de Costa Rica, está ubicada en el oceáno Pacífico Central, y el único modo de acceso es por vía marítima. Mi aventura comenzó al abordar el barco en el pequeño puerto de Punta Arenas, para recorrer las 350 millas que separan a la isla del continente. Eso quiere decir que navegamos 36 horas, durante las cuales disfrutamos de amenas charlas, buenas lecturas y la presencia de los siempre juguetones delfines. Mi ritmo cardíaco empezó a cambiar en cuanto, a lo lejos, pude distinguir la silueta casi mística de la isla.

 

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La aventura comienza cuando el barco ancla en la Bahía Chatham. Nosotros, ansiosos, preparamos nuestros equipos de buceo, así como de filmación y fotografía para romper con ellos el espejo del agua. El agua es cálida y transparente. Lo que más llama la atención es la gran cantidad de vida marina. Desde que empezamos a descender, los enormes bancos de jureles nos abrían paso, cerrándose inmediatamente después. Ya en el fondo, las rayas mármol hicieron su aparición, así como los peces lenguados, pulpos, peces trompeta y las rayas móvilas. De pronto, apareciendo de la nada, se presentó una enorme escuela de inconfundibles tiburones martillo, uno de los seres marinos que más ansiábamos ver. Pasan tan cerca que se puede sentir su curiosa mirada. Y los tiburones sedosos, así como los galápagos, realmente me imponen respeto. Las mantas gigantes parecían volar sobre nuestras cabezas, paseando tranquilamente por sus dominios marinos. Nuestros buceos se realizaron relativamente cerca de la orilla de la isla. Esto no pareció importar al enorme tiburón ballena, el cual se paseó majestuosamente frente a nosotros. Cuando iniciamos el ascenso nos vimos rodeados por esos pequeños y maravillosos seres que son las aguamalas. Si bien el viaje había satisfecho todas nuestras expectativas nos esperaba lo más emocionante: y eso ocurrió cuando, por la noche, nos sumergimos en esas aguas y nos encontramos con gran cantidad de tiburones punta blanca tratando de encontrar su sustento diario. Algunos de los sitios de buceo en la isla son: Manuelita, Roca Sucia, Roca Vikingo, Bajo Alcyone, 2 Amigos y Silver Tip. Todos estos sitios cumplen con los sueños de cualquier exigente buceador, incluso de los más experimentados. Si eres amante de la aventura no te puedes perder el viaje a este fabuloso destino: la Isla de Cocos. 

 

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Texto: Alberto Friscione Carrascosa ± Foto: Alberto Friscione Carrascosa