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El primer receptáculo de la memoria es la imaginación. Para protegerla del olvido, el ser humano comenzó por replicar las voces de la naturaleza, nombrando cada cosa en su entorno –pero también en su interno– ideando voces hasta moldear su lenguaje propio. Las primeras familias sabían que el único modo seguro para salvaguardar su linaje de sabiduría era que los descendientes aprendieran, recordaran y transmitieran a su vez este conocimiento.

Así han podido llegar a nuestros días historias desbordas de magia donde son protagonistas los dioses; la creación; un universo sin fin de criaturas fantásticas; los poderes escondidos en el viento, en el corazón de la tierra o de las inmensidades de los mares. Cada narración es fundamento y aporta carácter a la identidad de sus portadores. La imaginación es tan poderosa como las fuerzas que originaron al mundo y a los propios hombres.

Como los fiyianos no tenían un lenguaje escrito, los individuos principales memorizaban complicadas tablas genealógicas y el devenir de su historia, por lo que no existe otro registro –más que la tradición oral– para acercarse a sus costumbres. ¿Podría ser que los signos utilizados en la alfarería Lapita fueran letras o palabras? No se sabe, ya que no existe hasta el momento una conclusión con respecto a su significado.

 

Templo de Fiyi (burekalou). Centro  Cultural Polinesio. 
Templo de Fiyi (burekalou). Centro Cultural Polinesio.

 

INSPIRACIONES MÁGICAS 

En Fiyi, las creencias tradicionales también se relatan en las ceremonias con el idioma de la danza y la música entre otras expresiones artísticas. En estas islas se acata la ley del tabú (en Melanesia llamado tambú), que se manifiesta de las formas más diversas. Un tabú es aquello sobre lo cual pesa una prohibición mágica: un sitio, una persona, animales, plantas o hasta circunstancias como el clima, fechas, movimientos planetarios, etc. El poder o maleficio implicado en estos elementos atraería males innombrables a las personas que entrasen en contacto con ellos; sin embargo, para ciertos sujetos con una jerarquía obtenida a través de virtudes, protecciones mágicas, beneficios por nacimiento, entre otros, dicho contacto les conferiría más respeto, dominio, poder religioso y cualidades sobrenaturales.

 

Ceremonias, danzas, cantos y tradiciones orales resguardaron su cultura. Apenas a mediados del siglo XIX, el fiyiano tuvo un alfabeto con caracteres latinos en su representación escrita. Ceremonias, danzas, cantos y tradiciones orales resguardaron su cultura. Apenas a mediados del siglo XIX, el fiyiano tuvo un alfabeto con caracteres latinos en su representación escrita.

 

Ceremonias, danzas, cantos y tradiciones orales resguardaron su cultura. Apenas a mediados del siglo XIX, el fiyiano tuvo un alfabeto con caracteres latinos en su representación escrita. Ceremonias, danzas, cantos y tradiciones orales resguardaron su cultura. Apenas a mediados del siglo XIX, el fiyiano tuvo un alfabeto con caracteres latinos en su representación escrita.

 

Ceremonias, danzas, cantos y tradiciones orales resguardaron su cultura. Apenas a mediados del siglo XIX, el fiyiano tuvo un alfabeto con caracteres latinos en su representación escrita. Ceremonias, danzas, cantos y tradiciones orales resguardaron su cultura. Apenas a mediados del siglo XIX, el fiyiano tuvo un alfabeto con caracteres latinos en su representación escrita.

 

Otra figura mágica fundamental en su cosmogonía es el tótem, generalmente animales, árboles u otros objetos de poder; que pueden ser protectores, y atraer bendiciones para los habitantes de las comunidades. Podrían ser considerados como un ser alterno, ligado a cada persona desde su nacimiento. En México esto es conocido como “nagual”.

El Kai Viti, como se nombra a sí mismo el pueblo de Fiyi, está integrado por abundantes narradores que, aún en la actualidad, explican que muchos fenómenos fueron causados por fuerzas sobrenaturales y divinas; así, hay dioses a quienes se debe invocar para asegurar condiciones climáticas favorables; para navegar sin tropiezos o para obtener una buena cosecha; librarse exitosamente de cualquier dificultad; gozar de buena salud, felicidad, un buen matrimonio y descendencia. Son venerados los dioses antiguos y el espíritu de los antepasados del mismo modo.

En la antigüedad, el dios mejor conocido y más venerado era Degei, originario de las montañas de Kauvadra –que es el área más rica en tradiciones de Fiyi. Degei es reconocido como el protector de sus habitantes primigenios, y al mismo tiempo su venerable antepasado. Degei es descrito como una serpiente, que encarna un símbolo del bien, contrario a muchas mitologías.

 

Estatuas de madera o piedra, representan alguno de sus dioses significativos, tótem y personajes de sus leyendas. 
Estatuas de madera o piedra, representan alguno de sus dioses significativos, tótem y personajes de sus leyendas.

 

Estatuas de madera o piedra, representan alguno de sus dioses significativos, tótem y personajes de sus leyendas. 
Estatuas de madera o piedra, representan alguno de sus dioses significativos, tótem y personajes de sus leyendas.

 

Antigua escultura de madera en el Museo Nacional de Fiyi.
Antigua escultura de madera en el Museo Nacional de Fiyi.

 

Existen múltiples versiones del mito de la creación. La leyenda más difundida cuenta que en el principio, cuando solo existía agua y obscuridad, únicamente la isla de los dioses flotaba alrededor del borde del mundo. Cuando el dios creador dormía, llegaba la noche; si Degei estaba recorriendo el mundo, ocurrían temblores de tierra o se desataban tormentas, y cuando despertaba, llegaba el día. La creencia popular es que el dios Degei aún vive y habita en una cueva en la cordillera de Nakauvadra, en Viti Levu.

Otra leyenda está dedicada a la flor de Tagimaucia, que fue creada a partir de las lágrimas de una princesa cuyo amor fue truncado por la oposición de sus padres; o la que cuenta que Rokouka, un hijo del dios Degei, fue quien creó las islas de Fiyi, rescatándolas del fondo del mar. Asimismo, hay historias consagradas a las aventuras del dios Dakuwaqa, el tiburón sagrado, y aquella que describe el modo en que fueron creadas las veneradas tortugas de Namuana, entre muchas otras. De acuerdo a una investigación realizada en 1865 por el misionero Jesse Carey, que se conserva en la Biblioteca de Sidney, Australia, los fiyianos celebraban por entonces a más de 300 dioses y héroes, cada cual propietario de su propio mito.

 

Moneda conmemorativa que ilustra a Dakuwaqa, el dios tiburón, y a la Reina Elizabeth II de Inglaterra. 
Moneda conmemorativa que ilustra a Dakuwaqa, el dios tiburón, y a la Reina Elizabeth II de Inglaterra.

 

Figura de madera del dios tiburón Dakuwaqa (siglo XVIII). Museo del Muelle Branly - Jacques Chirac, París. 
Figura de madera del dios tiburón Dakuwaqa (siglo XVIII). Museo del Muelle Branly - Jacques Chirac, París.

 

La bella y rara flor Tagimaucia (medinilla waterhousei) no crece en ningún otro lugar en el mundo, solo en las montañas de la Isla Taveuni, Fiyi. La bella y rara flor Tagimaucia (medinilla waterhousei) no crece en ningún otro lugar en el mundo, solo en las montañas de la Isla Taveuni, Fiyi.

 

Otra versión de la leyenda de la creación de Fiyi describe una canoa y un viaje. La canoa era el Kaunitoni y sus ocupantes eran los colonos lapitas, encabezados por los jefes Lutunasobasoba y Degei, quienes tocaron tierra en la isla Viti Levu, desde donde se desplazaron a otras partes de Fiyi. 

 

Sacerdotes y curanderos eran (y aún lo son) mediadores entre dioses y hombres. Los primeros habitantes creían en una vida futura y en una morada local del alma después de la muerte. Muchos de los habitantes se pensaban autóctonos, y la memoria de las migraciones antiguas se había olvidado.

La Comisión de Tierras Nativas de Fiyi describe que cada héroe o precursor fundaba una yavusa (una tribu) que estaba conformada por los descendientes directos de un solo “Kalou-vu” o dios antepasado. Este fundador era invariablemente deificado después de su muerte; adorado por sus herederos como un dios en un “burekalou” (templo) que se establecía para su adoración, regido por sacerdotes sucesores. Su espíritu habitaba el cuerpo de alguna criatura viva que a partir de entonces era temida, venerada y respetada por toda la tribu. La vida de los fiyianos continúa rigiéndose por rituales acompañados de elaboradas ceremonias y estricta obediencia de las prácticas ancestrales, con arraigadas concepciones mágicas de la vida.

 

Un “Burekalou” es un templo, una casa espiritual construida en memoria de los antepasados en los pueblos tradicionales. Un “Burekalou” es un templo, una casa espiritual construida en memoria de los antepasados en los pueblos tradicionales.

 

Texto: M. Carmen B. Hernández ± Foto: SEFRA HISTORY / NANCY RODRIGUEZ / DEJAVU TOURS FIJI / BCD / THE GLOBAL / CDN6 / WLF. / BP/ REFF WORK / ROSS WALL /MIKE ROBERTSON / SEFRA HISTORY

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