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Mientras el sol caía en la costa colombiana, una tarde del 8 de Junio de 1708, José Fernández de Santillán maldijo al viento. El almirante español sabía que un refugio seguro sería aquel de Cartagena, a sólo 16 millas de distancia, sin embargo, la ausencia de cualquier brisa había convertido su persecución, por la seguridad, en un interminable calvario. Los miradores de Santillán reportaban a los buques de guerra británicos pisándoles los talones a su galeón, el almirante no tenía otra opción más que preparar a sus hombres para la batalla.

En este momento, se jugaba nada menos que el balance del poder en Europa. Al lado de los 600 hombres a bordo del San José, se encontraba oro, plata y joyas en cantidades tan vastas, que su valor excede el ingreso anual español. Las riquezas prometidas eran motivo de una infusión monetaria entre España y sus aliados franceses, quienes por siete años habían estado en guerra con la coalición británica, alemana, austriaca, portuguesa y holandesa; estas fuerzas pronto estarían nombrando al nieto del rey francés Luis XV, monarca español.

Sabiendo que el transporte exitoso de este tesoro, minado por esclavos africanos en las colonias españolas de América del Sur, podría alterar el curso de la Guerra Española de Sucesión, el comodoro británico, Charles Wager, persiguió al San José y sus 12 pequeños barcos cargados de riquezas, pese al hecho de que él tuviera sólo cuatro barcos.

Wager llegó a estar tan cerca del San José, que podía escuchar las 600 voces que componían su tripulación. Poco después del atardecer, los cañones soltaron bolas de fuego que iluminaban la noche, y encendían los barcos cual cerillos. En una noche tan sombría, el olor del sulfuro colgaba como una manta de denso humo que envolvía los combates. Las tripulaciones ferozmente lanzaban cubetas de arena en sobre el barco, para absorber los resbaladizos charcos de sangre que dejaba a diestra y siniestra el combate.  

De repente, Wager escuchó una gran explosión, sintió el calor generado por el impacto y se cubrió, protegiéndose de un baño de cenizas encendidas. Mientras el comodoro trataba de divisar a su oponente a través de una espesa cortina de humo, éste ya no lograba ver al enemigo. La pólvora a bordo del galeón español aparentemente había sido encendida, y todos, salvo 11 hombres del San José habían caído junto a su barco, con millones de monedas de oro y plata, así como un manjar de joyas.

Por casi tres siglos, las riquezas descansaron en el fondo del Mar Caribe, muchos buscadores de tesoros intentaron recuperarlos. El sábado pasado, el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, anunció que el naufragio del San José había sido encontrado. Después de dar la noticia en Twitter, el presidente dio una rueda de prensa subsecuente en Cartagena; un equipo internacional de expertos que trabaja en el Instituto de Antropología e Historia de Colombia, descubrió este buque, a aproximadamente 800 pies bajo el agua, el 27 de Noviembre de este año.

“Estoy muy feliz, como cabeza de estado, de poder informarles que, sin lugar a dudas, después de 307 años de su hundimiento, el galeón San José ha sido encontrado”, de acuerdo a la NPR. Un pequeño video fue mostrado en la rueda de prensa, en él, se mostraban vehículos submarinos autónomos que eran usados como sonares y cámaras especiales que fueron ocupadas para localizar el naufragio; fotografías proveídas por el gobierno colombiano mostraban lo que parecían ser cerámicas, cañones y botellas.

El gobierno dijo que la identificación de varios cañones de bronce preservados en excelentes condiciones estampados con siluetas de delfines, fueron lo que ayudó a corroborar e identificar al San José, también añadió una nota de intriga, ya que “la evidencia sustraída apunta a la conclusión de que el galeón no explotó, como lo señalan la mayoría de los libros de historia.”

De acuerdo a la NPR, Santos llamó al descubrimiento “uno de los hallazgos más grandes. Es la identificación submarina con más herencia histórica en la historia de la humanidad”.

Cómo hace tres siglos, la posesión del tesoro se ha quedado en las manos de la convención internacional, excepto que los abogados del caso están ahora remontándose a la batalla que se llevó a cabo hace tanto tiempo. Sea Search Armada (SSA), una compañía de salvaguarda basada en los Estados Unidos, ha dicho que encontró el San José en 1981.

CNN reporta que la compañía había negociado un 35% del tesoro con el gobierno colombiano, si el naufragio era recobrado, para este momento el gobierno colombiano subsecuentemente había reclamado los derechos a todas las riquezas, y estaba dispuesto a proveer a SSA con sólo el 5% de la fianza. La compañía ha tomado medidas legales ante una corte Norteamericana, pero el caso fue desechado en el 2001.

El gobierno colombiano ha afirmado que la locación del barco no había sido referida en documentos relevantes a la búsqueda anteriormente, pero Jack Harbeston, el director ejecutivo de SSA, ha disputado la noción en una entrevista con el Huffington Post. “Si la alegación del  gobierno -de Colombia-  es cierta, entonces no había documentos de SSA. ¿Por qué no nos dejan visitar el sitio en ese caso? Si nosotros no hubiéramos encontrado algo, entonces guardaremos nuestro equipo y nos iremos” dijo.

La compañía Estadounidense no es la única que reclama sobre el tesoro. De acuerdo al periódico The Guardian, el Secretario Español de Cultura, José María Lasalle, ha dicho que su país ha estado a la espera de examinar la información de Colombia antes de decidir “qué acción tomar para llevar su defensa en lo que consideran que es su riqueza sumergida; de acuerdo a varios tratos con que fueron firmados con la UNESCO hace varios años”.

El presidente Santos no ha hecho mención de responder a estos reclamos en la conferencia del sábado, para proteger que el naufragio no sufra un motín, no ha hecho pública la localización del hallazgo. Santos ha dicho que un museo será construido en Cartagena, con el fin de alojar las reliquias encontradas en el fondo del mar, sin embargo, el proceso durará años.

 

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