Desde Llanes hasta Castropol, una costa de mar esmeralda

En el norte de España el mar ha dibujado una costa que sorprende, hechiza, enamora: las bahías se abren sobre playas despampanantes, las ensenadas dibujan intrigantes acantilados. La región encanta con sus paisajes fabulosos. La España verde es una invitación a conocer tradiciones diferentes recorriendo Asturias y Galicia al ritmo de una hermosa costa.

 

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LLanes y los Picos de Europa

Nuestro punto de encuentro era LLanes, un antiguo puerto pesquero y ballenero protegido por un largo acantilado que esconde su entrada muy protegida. Sencilla aldea desde el tiempo de los romanos, Llanes adquiere importancia en la Edad Media.

Podemos visitar los restos de su muralla (siglo XIII) con sus torreones, la sólida iglesia gótica de Santa María, conventos y monumentos históricos. La huella de los que regresaban, enriquecidos, los llamados "indianos” es asombrosa, manifestándose con impresionantes palacetes, y las casas de Indianos que deslumbran en Llanes y en toda la región, siempre con una palmera en su jardín. En Colombres, a escasos 30 kilómetros, podemos visitarla Villa Guadalupe, la casa azul del señor Noriega que había emigrado a México, hoy transformada en el Archivo de Indianos.

Antes de emprender la navegación por la costa visitamos la región en la que destacan el Parque Nacional de los Picos de Europa, que culminan con el Naranjo de Bulnes (2519 m) y el Torrecerredo (2648 m). Una hermosa carretera nos permitió alcanzar Cangas de Onis, donde destacan su puente medieval construido sobre bases romanas y la Capilla de Santa Cruz, que reposa sobre un tumulto dolménico, y que fue la primera capital del Reino Astur, creada por el rey Pelayo, protagonista de la reconquista. La cueva de la Virgen de Covadonga es un importante lugar de peregrinación para admirar la imagen de la Santina, que vigila el sepulcro de Pelayo, y en ese magnífico escenario se alza la basílica y los edificios religiosos.

 

Por una estrecha carretera alcanzamos los lagos de Enol y Ercina, allí contemplamos un estupendo escenario con los macizos oriental y occidental de los altos Picos al fondo. Alcanzamos la Región de Cabrales, en la cual visitamos la Cueva del Cares, una cueva natural húmeda y fría en la que se realiza la maduración de los famosos quesos.

Siguiendo el río Cares, de turbulentas aguas transparentes, en el que se pescan truchas y salmones, penetramos por un impresionante desfiladero para subir al hermoso pueblo de Sotres, escondido en un pequeño valle de altura.

Nos alojamos en el Hotel Casa Cipriano, e iniciamos al día siguiente nuestro recorrido en bicicleta todoterreno, subiendo por el valle glaciar, observamos paisajes impresionantes, de majestuosidad que asombran, con los Picos afilados por muros de roca gris que desafían a los mejores alpinistas.

Bajamos por el lado de Cantabria, una zona boscosa de encinos y praderas en las laderas de los Picos, para alcanzar el hermoso Valle de Potes, sitio en el cual experimentamos la extraña sensación que brinda el teleférico de Fuente Dé, que nos sube suspendido en un cable tendido entre el fondo del valle a la cima (1850 m) en tan solo tres minutos y cuarenta segundos, para gozar desde allí de otra estupenda vista de los Picos.

 

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Seguimos nuestra visita por el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en el cual se conserva el pedazo más grande de la Cruz de Jesús y se celebra en ese año el Jubileo con el Año Santo Lebaniego, abriendo la Puerta del Perdón, celebrando la misa del Peregrino.

El encantador pueblo de Potes se singulariza por la Torre del Infantado (siglo XV), que domina el pueblo con sus bellos puentes de piedra que saltan el río, sus callejones y sus exquisitos restaurantes, y visitamos la hermosa iglesia de Santa María de Lebeña, de estilo mozárabe prerrománico, construida en 925.

Finalmente, después de atravesar el intrigante desfiladero del Deva, un cañón de muros verticales impresionantes, alcanzamos Unquera, famoso por sus "corbatas” (nombre que reciben unos bizcochos) y nos alojamos en el encantador molino de Tresgrandas, miembro de las Casonas Asturianas.

 

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Desde Llanes hasta Lastres

Temprano llegamos al puerto de LLanes, el velero estaba listo, el mar tranquilo, un viento de este a oeste traía un cielo azul y sabíamos que nuestra navegación tenía que estar pendiente de las mareas, Típica aldea construida en medio de las rocas que bajan a la Bahía de la Griega.

Lastres es una villa de callejones empinados que zigzaguean hacia el puerto protegido por el acantilado, dominado por su iglesia. Cada casa tiene vista hacia el horizonte, y en cada ventana una mujer espera el regreso de su marinero.

Las carreteras serpentean entre los vergeles de manzanos que adornan la comarca de la sidra, la famosa sidra de Asturias que se sirve desde lo alto del brazo alzado para que haga espuma, y que se toma en seco. La noche descansaba sobre el pueblo, las luces de Lastres, refugio apacible, se reflejaban en el mar.

 

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Desde Lastres hasta Gijón

El viento seguía en nuestro favor, pasamos el Cabo Lastres sin problema para tomar la dirección oeste, empujado por un viento suroeste, costeando, observando como desfilaba la costa de colinas, acantilados, playas, ensenadas, pasando la profunda ría de Villaviciosa y alcanzamos Gijón en poco tiempo.

Su gran bahía cerrada por el Cabo Torres está dividida en dos playas por el Cerro de Santa Catalina, atalaya entre la tierra y el mar que divide la ciudad en dos partes y en cuya corona se erige la obra del escultor Eduardo Chillida, El elogio al horizonte. Su puerto deportivo ofrece la perfección para el navegante y nos instalamos dos días para visitar la ciudad más grande de Asturias y sus alrededores.

El Cerro Catalina era el centro de la villa romana de Gigia desde el siglo I, y se visitan los restos de las termas bajo la explanada de la Iglesia de San Pedro, desde donde se abre una magnífica vista de la Bahía de San Lorenzo, bordeada por edificios, y muy concurrida por los habitantes. 

 

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Se pueden apreciar los restos de la muralla, el palacio Revillagigedo, la Capilla de San Juan Bautista, la cerrada Plaza Mayor... y es un placer pasear por la tarde, tomando unas copas en los bares, disfrutando de los mejores restaurantes, descubriendo un ambiente muy acogedor y relajante. El jardín botánico, cerca de la inmensa Universidad Laboral, ofrece el perfecto ejemplo de la clemencia del clima, donde crecen las plantas exóticas, muchas traídas por los indianos.

A un paso se encuentra la capital de Asturias, Oviedo, una sorprendente ciudad fundada en el siglo VIII con fabulosos palacios, su elegante catedral gótica que conserva su Cámara Santa prerrománica, el monasterio de San Vicente y el de San Pelayo, la capilla de la Balesquida que conserva la imagen de la Virgen de la Esperanza. Sus placitas son un encanto y el teatro Campoamor, donde se entregan los premios Príncipe de Asturias, es el edificio más importante de la parte más moderna y activa con sus tiendas y restaurantes.

En las afueras, encontramos las joyas del arte prerrománico, la Iglesia de San Julián de los Prados con su decoración pictórica de tradición tardorromana, y en las faldas del Monte Naranco el Palacio de Santa María y la Iglesia de San Miguel de Lillo, ambos edificios, construidos por Ramiro l en el siglo IX, son la muestra de la magnificencia de los reyes astures.

 

 

Desde Gijón hasta Cudillero

Con la misma brisa y el cielo azul pasamos el Cabo Torres para dirigirnos hacia el punto más septentrional de la península ibérica, el Cabo Penas, pasando por lugares de ocio, con playas, pueblos pesqueros, como Candás y Luanco, acantilados profundos. En el Cabo Penas los acantilados pueden alcanzar 100 metros sobre el mar, y su faro domina el norte, como esperando la llegada de otros celtas, vigilando el mar que en ese día estaba muy tranquilo y de azul profundo.

En la parte occidental del cabo el viento cayó, obligándonos a usar el motor para llegar a San Juan de Nieva, que guarda la entrada de la ría de Avilés, donde entramos para descubrir Avilés, una ciudad industrial que conserva en su casco histórico bellos ejemplos de su arquitectura medieval y renacentista.

Sus plazas y jardines, sus palacios... una ciudad con agradable ambiente y excelente comida en el restaurante Tataguyo.

Siguiendo la costa donde mueren las pequeñas colinas, alcanzamos Cudillero, pequeño puerto abigarrado, escondido dentro de un anfiteatro rocalloso natural, con sus casas pintadas sobre las laderas a las que se accede por escalinatas. Su plaza en el fondo del barranco, y su iglesia que vigila el mar. Es un puerto excepcional, un pueblo encantador, que ofrece preciosos paseos, incluyendo el cercano Palacio El Pito, erigido por Forunato Selgas y que expone obras maestras de pintura y mobiliario.

 

 

Desde Cudillero hasta Castropol

La comarca donde se cultivan las mejores fabes para la fabada termina en el mar con acantilados que encierran playas, bahías y ensenadas. Un ligero viento de oeste nos permitía una navegación muy agradable, pasando de cabos en playas, siguiendo los quebrados. Después de los cabos Vidio y Busto llegamos al hermoso Puerto de Luarca, vigilado por una gran atalaya que protegía a los habitantes de los ataques vikingos, adornada por el faro y el cementerio. La vista sobre la dársena pesquera es espectacular, con su puerto, las casas alojadas en el acantilado, unidas por callejones.

El lugar conserva el misterio de un pueblo que vive del mar. Siguiendo nuestra ruta descubrimos el precioso Puerto de Vega, cuya muralla marítima con su cadena que cerraba la entrada protege el antiguo puerto dominado por las casas de los marineros. Pasamos la Ría de Navia, el Cabo Cebes antes de penetrar finalmente en la inmensa Ría del Eo, frontera con Galicia, y atracar en el pequeño Muelle de Castropol, un hermoso pueblo construido sobre un peñón que vigila la entrada de la ría. Enfrente se encuentra Ribadeo, la primera ciudad de Galicia, pero antes de dejar Asturias nos esperaba un hermoso recorrido.

Por las carreteras de montana que nos llevaban hacia el sur alcanzamos la hermosa zona rural de los Oseos, donde el tiempo se ha detenido. Taramundi se esconde en lo alto de las colinas, mientras en el fondo del valle descubrimos los antiguos molinos de agua (Os Teixois), los hermosos Hórreos y Cabazos, donde se almacenan los granos. Villanueva aloja los restos de un fabuloso monasterio medieval, San Martín y Mon esconden unos magníficos palacios con artísticos escudos.

 

 

Nos alojamos en Santa Eulalia, en una encantadora Casona, antigua casa rural que conserva su Hórreo, su capilla y la cocina, que era el centro del hogar. El pueblo conquista con encanto, las campaneas de las vacas suenan por las lomas, la cascada Seimeira se encuentra al final de un tranquilo paseo en medio del bosque.

En Grandas de Salime visitamos el museo etnográfico antes de alcanzar en un escenario suntuoso el embalse del rio Navia, donde recorrimos en canoa un impresionante barranco con sus aldeas típicas en las laderas. Descubrimos el Castelón de Coana, el castro mejor preservado de Asturias, donde se aprecian las casas redondas y las calles romanas, para finalmente internarnos en la región de Cangas de Narcea, una pequeña ciudad llena de encanto, donde se producen los mejores vinos, y en el Parque de las Fuentes del Narcea se conserva el más antiguo robledal de Europa dentro de la Reserva Natural del Bosque de Muniellos, en medio de un majestuoso escenario de montanas.

El monasterio de Corias impresiona por su tamaño y majestuosidad, los ríos corren entre montes y valles, las vacas pastorean en las laderas, el paisaje es un sueño de perfección.

De regreso a Castropol, nos trasladamos a la marina de Ribadeo, del otro lado de la ría, primer puerto de Galicia, para seguir nuestra ruta. Asturias había sido un maravilloso viaje a lo largo de una hermosísima costa de acantilados, playas paradisiacas, rías misteriosas, conociendo gente excepcional, fabulosos monumentos históricos, campos y montañas de gran belleza. Un sabor nostálgico nos invadía al dejar Asturias, un verdadero paraíso natural que enamora para siempre. 

 

 

El acuario de Gijón
Un espectacular ejemplo de creatividad

Situado a la orilla de la playa poniente de Gijón, el acuario sorprende por su arquitectura moderna que se alza sobre la tierra y el mar, invitando a descubrir el mundo del agua en Asturias.

En la zona de los ríos se ha creado un escenario de montes donde corre el agua, y se pueden apreciar las nutrias, las truchas y los salmones, y donde árboles naturales y helechos dan el aspecto oriundo de las montanas de Asturias.

En la zona del Mar Cantábrico podemos observar rayas, pulpos y peces endémicos, y se ha creado una zona de oleaje en la que encontramos mejillones, percebes y erizos, además de bogavantes y langostas.

El ingenio de los arquitectos permite llegar a la zona donde la gente puede tocar las estrellas de mar, almejas y anémonas.

Entonces surgen regiones exóticas, como el acuario de los pingüinos, el de los mares tropicales como el Caribe, el Indo Pacífico, la Polinesia y el Mar Rojo. Pero lo más sorprendente es el inmenso acuario donde nadan los tiburones (por ejemplo el tiburón toro, que alcanza los tres metros de largo, o el tiburón gris), las tortugas marinas, así como muchas de las especies de grandes y pequeños peces. Unos canales permiten a la gente penetrar en ese acuario gigante y los tiburones pasan por encima de sus cabezas.

Finalmente el auditorio es el centro de explicaciones que incluye un acuario gigante también.

El Acuario de Gijón abrió sus puertas en junio del 2006, con técnicas novedosas, diseños futuristas y un excepcional sentido del acercamiento hacia la belleza del mar y de los ríos, creando un gran itinerario a través del hábitat creado por el agua en Asturias y el mundo. 

 

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Info

Acuario de Gijón

Playa Poniente

T 985 18 52 20

 

 

Texto: Patrick Monney, Ricardo Galán ± Foto: Patrick Monney, Ricardo Galán

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