En Bali se ha instaurado un juego de manos que tiene gran importancia. El artesano representa a sus dioses en piedra, con las manos en posiciones llenas de significado, en las que los dedos juegan y se contorsionan, manifestando de este modo que son extensión de la expresión de los ojos.

En los bailes de los balineses las manos vienen a ser la voz de los bailarines, las manos “hablan”, y a través de esos gestos expresan el contenido ancestral que recorre su música. Cada movimiento lleva de manera elegante a una singular gestualidad de las manos con el fin de dar forma a las palabras no emitidas. El baile es un arte complejo y cada aldea tiene una escuela, cada danza es una representación de la mitología, cada gesto tiene su sentido. Las manos nunca se mueven al azar.

 

 

En el kecak (se pronuncia kechak), una danza hipnotizante, 150 hombres vestidos con trajes de tela a cuadros, blancos y negros, repiten con diferentes ritmos las palabras “chak a chak”, y las manos vibran para atraer el espíritu de los dioses. En el Ramayana, que cuenta la mítica historia del poema épico hindú, las manos acompañan a los bailarines hasta envolvernos en la profunda magia sagrada. En el teatro de sombras las marionetas encuentran sus posiciones para mandar mensajes, y la orquesta de gamelan inventa los sonidos gracias a la delicadeza de sus músicos que dirigen sus manos sobre las marimbas.

Bali ha inventado el arte de las manos porque sus dioses comunican con ellas. Los ojos de las estatuas de piedra, los de los personajes surgidos de las pinturas o los de los bailarines juegan con lo antinatural para expresar sus sentimientos, utilizando la destreza de los dedos como complemento en esa manifestación. Bali es un mundo mágico que vibra en su conexión con lo divino y una de sus magníficas manifiestaciones son estas hechizantes figuras de dedos y ojos.

 

 

Texto: Anaís de Melo ± Foto: Anaís de Melo

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