Para los fanáticos del rock, los Rolling Stones pertenecen a ese reducido grupo de símbolos eternos que trascienden generaciones.

Keith Richards lo resumió alguna vez con una frase demoledora: “Para todos los que nacieron después de 1963, están el Sol, la Luna y los Rolling Stones”. Y quizá no exista mejor manera de entender la dimensión cultural de la banda británica que verla convertida en una obra de alta relojería capaz de capturar, en apenas 43 milímetros, medio siglo de historia musical.

La manufactura suiza Jaquet Droz vuelve a demostrar que la relojería puede ir mucho más allá de la precisión mecánica. Su nueva creación, The Rolling Stones Automaton, no es únicamente un reloj; es una pieza de colección concebida para el fanático absoluto, para ese amante del rock que entiende el valor emocional de un riff de Keith Richards, de una portada de álbum o de un escenario iluminado antes de un concierto.

Desde 1738, la maison fundada en La Chaux-de-Fonds ha construido su reputación alrededor de los autómatas y las complicaciones artísticas. En esta ocasión, esa herencia se fusiona con uno de los nombres más influyentes de la música contemporánea. El resultado es una pieza única, literalmente irrepetible, que convierte el universo de los Stones en una experiencia mecánica animada.

En la esfera, elaborada dentro de una caja de oro rosa de 43 mm, los artesanos de Jaquet Droz reproducen a mano el escenario de la banda con un nivel de detalle extraordinario. Ahí aparece la Stratocaster de Ron Wood frente a sus amplificadores, la batería minimalista del fallecido Charlie Watts y la legendaria guitarra de cinco cuerdas de Keith Richards, instrumento inseparable de algunos de los riffs más reconocibles de la historia del rock.

La escena cobra vida gracias a un sofisticado mecanismo animado. Bajo el escenario central giran los álbumes más emblemáticos de la banda, reproducidos artesanalmente con sus portadas originales. Cada coleccionista puede elegir cuáles desea integrar entre las 23 producciones disponibles. La rotación, activada mediante el pulsador integrado en la corona, dura cerca de treinta segundos y puede repetirse hasta ocho veces consecutivas.

Pero el espectáculo no termina ahí. La reserva de marcha adopta la forma de un brazo articulado con aguja de tocadiscos, mientras que el célebre logotipo de la lengua de los Stones se mueve de manera sincronizada, subiendo, bajando y desplazándose lateralmente. Un guiño lúdico y sofisticado que sintetiza el espíritu irreverente de la banda.

La ejecución artesanal resulta simplemente deslumbrante. Cada guitarra fue tallada individualmente en oro rosa, grabada y pintada a mano. Los platillos de la batería reproducen con exactitud sus curvaturas mediante discos de oro minuciosamente trabajados, mientras que los toms apenas alcanzan diámetros de entre 1.2 y 2.3 milímetros. Incluso la armónica de Mick Jagger y su micrófono fueron recreados en diminutos bloques de oro.

En el reverso, visible a través del cristal de zafiro, la masa oscilante de oro rosa lleva grabado el nombre del álbum elegido por el propietario, junto con la fecha de lanzamiento y el estudio donde fue grabado. Un detalle íntimo que convierte cada reloj en una declaración profundamente personal.

Por ello, cada pieza lleva inscrito un inequívoco “1/1”. Porque, al igual que una noche irrepetible escuchando a los Stones en vivo, este reloj está destinado a existir una sola vez.