En una época dominada por la inmediatez y la tecnología portátil, la manufactura japonesa Minase decide mirar hacia la esencia más pura de la relojería con la presentación de dos excepcionales relojes de bolsillo: Asagimadara y Phoenix.

Lejos de tratarse de un simple ejercicio de nostalgia, estas piezas representan una declaración de principios. La firma japonesa, reconocida por su interpretación contemporánea de la alta relojería artesanal, ha desarrollado una creación que reúne algunas de las expresiones más refinadas de la cultura nipona: la laca maki-e, el acero Tamahagane de las legendarias espadas samurái y una ejecución mecánica de primer nivel.

Cada reloj se fabrica exclusivamente bajo pedido, en versiones de acero inoxidable o de oro amarillo de 18 quilates. Su caja dodecagonal de 39 milímetros exhibe el impecable pulido Sallaz, técnica que exige horas de trabajo manual para lograr superficies perfectamente reflejantes y ángulos definidos. Sin embargo, el verdadero protagonismo se encuentra en la esfera.

Para su elaboración, Minase recurrió al maestro lacador Junichi Hakose, especialista en la ancestral técnica japonesa Wajima Maki-e, una disciplina artística que requiere meses de trabajo. Sobre una base de latón cuidadosamente preparada se aplican capas de laca decoradas con polvo de oro, plata y pigmentos de color, dando vida a dos composiciones de profundo significado simbólico.

El modelo Asagimadara rinde homenaje a la mariposa migratoria capaz de recorrer miles de kilómetros a través de Asia. En Japón simboliza el viaje, la conexión entre territorios y el cambio estacional. La representación incorpora la delicada técnica rankaku, que utiliza fragmentos de cáscara de huevo de codorniz para recrear las zonas blancas de las alas, generando una textura única que resalta la maestría artesanal de la pieza.

Por su parte, Phoenix celebra al ave mitológica asociada con la transformación, la resiliencia y el renacimiento. La composición revela un nivel de detalle extraordinario, especialmente en las plumas de la cola, cuya complejidad solo puede apreciarse plenamente bajo una lupa. Según la tradición del artista, el último trazo corresponde al ojo del ave, instante en el que la obra cobra vida.

Otro de los elementos más fascinantes es la utilización de acero Tamahagane para la argolla y el fondo de la caja. Este material, reservado históricamente para la fabricación de katanas, es forjado mediante técnicas ancestrales que eliminan impurezas y garantizan una resistencia excepcional. Con el paso de los años desarrolla una pátina negra natural que no solo protege el metal, sino que convierte cada reloj en una pieza irrepetible, moldeada por el tiempo y el contacto con su propietario.

En su interior late el calibre mecánico de cuerda manual KT5002, basado en el Chronode C101, capaz de ofrecer una impresionante reserva de marcha de siete días. El conjunto se complementa con una base de exhibición lacada a mano, cordones artesanales elaborados en el distrito de Asakusa y un estuche realizado en madera de cedro de la prefectura de Akita.

Con precios que parten de los 54,500 dólares para las versiones de acero y alcanzan hasta 190,000 dólares en oro de 18 quilates, los nuevos relojes de bolsillo de Minase no buscan competir en volumen ni en tendencias.