La colección Rendez-Vous de Jaeger-LeCoultre, lanzada en 2012, resume casi dos siglos de tradición de la manufactura del Valle de Joux y rinde homenaje a las mujeres.
Paradójicamente, las damas fueron las primeras en adoptar el reloj de pulsera mucho antes de que éste se convirtiera en un accesorio indispensable para los hombres.
A principios del siglo XX, Edmond Jaeger y Jacques-David LeCoultre comprendieron que el futuro de la relojería pasaba por la muñeca. También entendieron que las mujeres buscaban algo más que un instrumento capaz de medir el tiempo: deseaban una joya que las acompañara en cada instante. Aquella visión pionera impulsó la creación de movimientos cada vez más delgados y sofisticados, una filosofía que sigue viva en la colección Rendez-Vous.
Inspirada en la elegancia, la personalidad y la fuerza femenina, esta familia de relojes se ha convertido en un auténtico lienzo creativo para la maison. Su estética, reconocible al instante, combina números estilizados, delicadas agujas florales y una profusión de diamantes engastados en el bisel, la corona, las asas o incluso sobre la esfera. Los grabados guilloché realizados con extraordinaria precisión, las superficies de nácar y las esferas ricamente decoradas aportan una personalidad única a cada pieza.
Sin embargo, la belleza exterior es apenas el preludio de la complejidad mecánica que se esconde bajo la caja. Equipados con movimientos automáticos de impecable precisión, los modelos Rendez-Vous revelan, a través de un fondo de cristal de zafiro, el refinamiento de los acabados propios de la Alta Relojería. La masa oscilante y los componentes decorados a mano evidencian el extraordinario savoir-faire que distingue a Jaeger-LeCoultre desde su fundación en 1833.
La colección también se distingue por incorporar algunas de las complicaciones astronómicas más fascinantes de la manufactura. El Calibre 935 ofrece una poética indicación de las fases lunares, mientras que el Calibre 809 despliega un cautivador mapa celeste inspirado en la inmensidad del cosmos. Más sorprendente aún es el Calibre 734, cuya complicación de estrella fugaz hace recorrer aleatoriamente un destello luminoso sobre la esfera entre cuatro y seis veces por hora, convirtiendo cada mirada al reloj en una experiencia casi mágica.
Como todas las creaciones de Jaeger-LeCoultre, cada Rendez-Vous es diseñado, fabricado y ensamblado íntegramente en la manufactura del Valle de Joux. Antes de abandonar los talleres, cada reloj se somete al exigente programa de “Control de las 1,000 horas”, una serie de pruebas que superan ampliamente los estándares oficiales de cronometría y simulan las condiciones reales de uso cotidiano.