El nuevo ELYOR de L. Leroy fusiona tradición, innovación y maestría artesanal para celebrar los 240 años de una de las manufacturas más prestigiosas de la relojería francesa.

Su nombre encierra una historia fascinante. ELYOR es el anagrama de Leroy, la firma que la Maison utilizó durante el Reinado del Terror de la Revolución Francesa para proteger la identidad de su fundador, cuyo apellido estaba estrechamente ligado a la realeza. Hoy, ese nombre renace como símbolo de resiliencia y continuidad, convertido en el emblema de un reloj excepcional.

Fundada en 1785 por Basile Charles Leroy en el Palais Royal de París, la firma fue proveedora de Napoleón I y de la reina Victoria de Inglaterra, además de conquistar 384 medallas de oro en concursos de cronometría. Su legado incluye obras maestras como el legendario Leroy 01, considerado durante décadas el reloj más complicado del mundo, así como clientes ilustres entre los que figuraron Marcel Proust, Henri Matisse, Frédéric Chopin y Theodore Roosevelt.

El ELYOR se incorpora a la colección Osmior con una elegante caja tipo tambor de 42 mm y apenas 11.88 mm de grosor. Disponible en oro rojo de 18 quilates, platino o titanio grado 5, cada versión ofrece una personalidad propia gracias a esferas multicapa en tonos antracita, azul cielo o plateado, decoradas con el clásico patrón Clous de Paris, cuyos delicados relieves multiplican los reflejos de la luz y aportan una extraordinaria sensación de profundidad.

La gran protagonista de la esfera es la abertura situada a las seis horas, donde un espectacular tourbillon volante parece desafiar la gravedad. Su jaula completa una rotación cada minuto mientras el puente superior de titanio, pulido a espejo y diseñado con el icónico monograma de las dos “L”, convierte la precisión mecánica en una auténtica expresión artística.

En su interior late el nuevo calibre automático L600, desarrollado en exclusiva para L. Leroy en Ginebra. Integrado por 288 componentes, incorpora por primera vez en la historia de la Maison un micro-rotor de Inermet –aleación de alta densidad basada en tungsteno– que optimiza la eficiencia de carga y ofrece una reserva de marcha de 60 horas.

La sofisticación técnica se complementa con acabados propios de la Alta Relojería: puentes rodiados biselados a mano, perlado, tornillos pulidos a espejo y un micro-rotor exquisitamente decorado, visibles a través del fondo de cristal de zafiro.