En Londres, cada mañana de fin de semana, durante la primavera y el verano, decenas de personas se reúnen en estacionamientos, patios escolares y campos deportivos para colocar mesas con artículos de segunda mano para coleccionistas entusiastas y con buen ojo.
En 2019, se estima que se celebraron 45,000 ventas de segunda mano año, con 13 millones de compradores.
Son el ejemplo perfecto de que "lo que para uno es basura, para otro es un tesoro", donde se puede encontrar de todo, desde ropa y muebles vintage hasta juguetes clásicos de los 80 y equipo deportivo impecable sin usar. Cualquier venta está repleta de adornos variados, armarios que crujen, estolas de piel polvorientas y otras antigüedades heredadas de familias.
En ocasiones, incluso podrías descubrir un auténtico tesoro... te des cuenta o no.
A finales de los 80, esto fue precisamente lo que le ocurrió a una mujer que curioseaba en un mercadillo de Isleworth, al oeste de Londres. Tras ver unas pulseras interesantes en una caja de bisutería, no se fijó en un anillo de coctel con una sola piedra transparente. Quizás era una gema deslumbrante, pero no brillaba como tal: engastada en una montura vieja y oxidada, tenía un aspecto opaco y sucio; desde luego, nada especial. La vendedora lo vendía todo por 16 dólares, pero nuestra heroína regateó hasta conseguirlo por 13.50. Las pulseras –y el anillo– se fueron a casa con ella.
No fue hasta 2017, treinta años después de aquella insignificante venta de garaje, que la dueña decidió tasar el anillo. Durante años, lo había usado como si fuera un anillo de coctel –con regularidad– pensando que era imposible que valiera nada.
Así pues, sin muchas esperanzas, lo llevó a un joyero local, quien enseguida supo que tenía ante sí algo especial. Sospechaba que se trataba de un diamante auténtico, pero era demasiado grande para medir los quilates con precisión. El propietario, a continuación, llamó a Sotheby's para concertar una cita.
El equipo de Sotheby's envió la pieza al Instituto Gemológico de Estados Unidos para su evaluación. El informe fue sorprendente: el diamante de talla cojín es enorme, con un peso de 26.27 quilates, un grado de color I y una impresionante claridad VVS2. Una vez que Sotheby's confirmó la autenticidad del diamante, la historia del hallazgo en una venta de garage –acertadamente apodado el diamante "Tenner” (diez libras) – se viralizó, acaparando titulares internacionales. Cuando se subastó en la subasta de Joyas Finas en junio de 2017, su precio máximo estimado era de 470,000 dólares.
Tras una frenética puja, la piedra finalmente se vendió por 884,409 dólares, una suma que le cambiará la vida a su propietario.
Pero, ¿cómo pudo un diamante tan impresionante acabar entre baratijas en una mesa de un mercadillo? Nunca sabremos la historia completa.
Este no es ni mucho menos el único diamante que ha llegado a Sotheby's tras un largo y sinuoso camino. "A lo largo de los años, hemos tenido en nuestras manos joyas encontradas escondidas en cortinas viejas, ocultas en la tapicería de sillas o descubiertas bajo las tablas del suelo en garajes olvidados", afirma Jessica Wyndham, directora de Alta Joyería de Sotheby's en Europa.
El vendedor del diamante "Tenner" sigue siendo un asiduo de las ventas de segunda mano, pues sabe mejor que nadie que los tesoros pueden esconderse en los lugares más insospechados.