Antes de que un huésped se sumerja en las aguas cristalinas de las Maldivas, difícilmente imagina que una de las experiencias más transformadoras de su viaje no se encuentra en una villa sobre el mar ni en una cena al atardecer, sino en un arrecife de coral y en las enseñanzas de una mujer que ha dedicado su vida a protegerlo.
En el marco del 25 aniversario de Anantara Hotels & Resorts, la doctora Oriana Migliaccio, bióloga marina residente de Anantara Dhigu Maldives Resort, Anantara Veli Maldives Resort y Naladhu Private Island Maldives, alcanzó un hito que trasciende las cifras: la supervisión de la plantación del coral bebé número 10 mil [foto inicial], un logro que simboliza años de trabajo en favor de uno de los ecosistemas más amenazados del planeta.
Originaria de Nápoles y doctora en Ciencias Biológicas y Biomoleculares, Migliaccio descubrió su vocación desde niña, cuando las historias de un Mediterráneo rebosante de vida despertaron en ella la necesidad de comprender por qué especies y hábitats comenzaban a desaparecer. Aquella curiosidad se convirtió en una misión durante una inmersión en el Mar Rojo, cuando por primera vez contempló de cerca la complejidad y belleza de los arrecifes coralinos.
Desde 2017, su labor forma parte de HARP (Holistic Approach to Reef Protection), la estrategia global de conservación impulsada por Anantara. Gracias a este programa, miles de fragmentos de coral han sido cultivados y reintroducidos en el ecosistema, mientras huéspedes de todo el mundo pueden seguir el crecimiento de los ejemplares que adoptan a través de cámaras submarinas y regresar años después para contemplar cómo aquellos pequeños brotes se han convertido en auténticos arrecifes.
Sin embargo, para Migliaccio la restauración va mucho más allá de la ciencia. La educación constituye uno de los pilares de su trabajo. Bajo su liderazgo nació “Reef Hero”, una especialidad certificada por PADI que enseña a los buceadores los principios básicos de la conservación coralina y promueve una relación más responsable con el entorno marino.
“Cuando las personas comprenden que sus acciones pueden proteger un ecosistema, dejan de ser visitantes y se convierten en guardianes”, asegura.
Su compromiso también alcanza a las nuevas generaciones. A través del programa “Marine Biology for Kids”, los niños descubren el océano como una entidad viva y desarrollan una conexión emocional con el medio ambiente. Las preguntas que surgen durante estas sesiones reflejan una sensibilidad que, según la científica, representa una de las mayores esperanzas para el futuro.
La realidad que enfrentan las Maldivas es especialmente delicada. El aumento del nivel del mar y el calentamiento del mar amenazan la supervivencia de los arrecifes, auténticas barreras naturales que sostienen la biodiversidad y protegen a las comunidades costeras. Por ello, la sostenibilidad ha dejado de ser un concepto aspiracional para convertirse en una cuestión de supervivencia.
“Mi visión es dejar una laguna más sana, más resistente y más viva que la que encontramos”, afirma Oriana Migliaccio.