Arte Inuit

Al fin lo habíamos encontrado. A lo lejos aparentaba con precisión tratarse de gigante de más de cuatro metros de altura con brazos y piernas abiertas en actitud desafiante. Un espeso pelo blanco lo cubría, aunque no era otra cosa sino cientos de kilos de nieve sobresi. El Guía lo sefialóy dijo que se trataba de un ‘Inukshuk’,así que aceleramos la marcha hasta cubrir los aproximadamente 2 kilómetros que nos separaban de él.

Recorrimos los montículos de nieve y las colinashasta situarnos a sus pies. Entonces todo se revelaba como un momento mágico: la tundra de Manitoba mezclada con el cielo más azul que he visto en mivida; una manada de alces que atravesaron con velocidad el valle a lo lejos, y esa sensación de que los antepasados de los Inuit nos daban la bienvenida al  encontrarnos con la que se dice, una de las piezas artísticas más importantes de su legado.

 

 

 

Los Inuit -la gente natural de estos lugares desde tiempos inmemoriales-, fueron sus creadores y se dice que en la región se pueden encontrar Inukshuks que superan una antigüedad de mil afios. En el idiomaInuit, Inukshuk significa ’aquel que se parece a unapersona"y aunque ahora los encontramos en un contexto totalmente artístico, la creación de estas moles antropomorfas hechas con piedras de grandes dimensiones, tuvieron un papel muy importante en la cazadel caribú, esto mucho tiempo antes de que los Inuit tuvieran acceso a fusiles y municiones con la llegada de los europeos a América en el sigloXVII.

El método tradicional de caza consistía en erigir una serie de Inukshuk disponiéndolos en forma de embudo que los conducía a un callejón sin salida,lugar de emboscada sobre una colina. Los cazadores armados con arcos y flechas permanecían ocultos tras un inukshuk. Las mujeres y los niños conducían al rebabo de caribúes hacia los cazadores, agitando pieles de arriba hacia abajo, haciendo mucho ruido.Los caribúes se ponían muy nerviosos puesto que.dado que son miopes, veían a los Inukshuk como a humanos y creían que habían caído en la trampa. Esta manera de cazar creaba confusión entre las manadas y permitía a los cazadores ir a situarse de trás del rebabo.

Dado que al Inukshuk se le puede percibir a kilómetros de distancia y se les encuentra regados aquí y allá en buena parte del territorio canadiense, desde tiempos remotos así como hoy en día, los viajeros los emplean como referencia de dirección.

 

 

 

Más allá de estas imponentes esculturas, desde tiempos prehistóricos los Inuit emplearon utensilios como madera, marfil y piedra con la que ganaron fama como diestros artistas en la talla. El marfil procedente de las morsas y las ballenas, el material más accesible para confeccionar tallas, se transforma en figurillas que representan animales y personas. La madera de playa y las barbas de ballena se tallan para confeccionar máscaras ceremoniales, algunas de tamaño tan reducido que se llevan en los dedos de las mujeres durante las danzas rituales.

Tras el contacto iniciado en el siglo XVIII con los comerciantes europeos, canadienses y estadounidenses, los Inuit se iniciaron en la fabricación de artículos comerciales, colmillos tallados y objetos de marfil, así como el trabajo de las barbas de ballena para la elaboración de bastones y tableros de cribbage. A partir de 1950, el gobierno canadiense, preocupado por las presiones que progresivamente estaban forzando a los Inuit hacia una economía dineraria, fomentó la talla y venta de esculturas muy elaboradas de esteatita. La escultura y el estampado, comercializados en régimen de cooperativa, se han convertido en los pilares de la economía de los Inuit canadienses y en una de las facetas más conocidas de su cultura, y tal es la fuerza creativa que empuja el arte nativo de los originales canadienses, que la figura de un Inukshuk fue elegida como la imagen oficial de la Olimpiada de Irvierno celebrada en la Ciudad de Vancouver. British Columbia en el pasado mes de febrero; con lo que el arte Inuit adquiere más vigencia que nunca al perpetuarse como un elemento iconográfico universal.

Luego de contemplar un buen rato ‘gigante de las nieves’, la excursión de que formaba parte tuvo que partir, así que emprendimos la marcha y tras varios minutos, el Inukshuk se perdió entre la blan- cura de las colinas; sin embargo, nuca podré olvidar la fuerza expresiva que cobraban aquellas ‘piedras apiladas" en forma de hombre. Tampoco la buena factura de aquellas representaciones de morsas u osos polares. Un indígena norteamericano me dijo que eso era fácil de explicar. Dijo, que cada una de esas piezas llevaba su alma dentro.

 

 

Texto: Michael Negrete Cruz ± Foto: Patrick Monney.

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