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Férrea, pero amada por su pueblo

Elizabeth I Reina de Inglaterra e Irlanda fue la quinta y última monarca de la Dinastía Tudor. Le apodaban  “Gloriana” y “La Reina Virgen” porque nunca contrajo nupcias. Pese a las muchas adversidades que sorteó siempre salió victoriosa y trascendió los esquemas de su época gracias a su firmeza, voluntad férrea e inteligencia. Bajo su admirable mandato Inglaterra alcanzó la “edad de oro”; ella, la inmortalidad histórica.

Elizabeth (Isabel) Primera nació en Greenwich el 7 de septiembre de 1533. Fue la única hija de Enrique VIII y su segunda esposa, Ana Bolena. Cuando tenía dos años su madre fue acusada de adulterio y decapitada, en acatamiento a la orden de Enrique, quien a la vez declaró bastarda a su hija y la expulsó de la corte. Durante los años de exilio recibió una sólida educación que su inteligencia natural supo aprovechar.

 Cuando Isabel tenía unos diez años de edad, Catalina Parr, sexta esposa de Enrique VIII, lo convenció de que autorizara el regreso de su hija; el rey accedió y, más aún, hizo reconocer ante el Parlamento la legitimidad de Isabel y de su hermanastra mayor, María, que era católica. Isabel estuvo muy unida a Eduardo, heredero a la corona y luterano como ella. Al morir Enrique, el príncipe contaba apenas con diez años. Subió al trono pero, como era de esperarse, él no tomaba las decisiones de la corona sino su tutor y sus favoritos. Débil de constitución, murió en 1553 cuando tenía 16 años.

María fue coronada reina. Decidida a restablecer el catolicismo en Inglaterra, veía en Isabel, su hermanastra protestante, una amenaza que resolvió encarcelándola en la Torre de Londres bajo la acusación de convivir con un grupo de conspiradores. Isabel aparentó su conversión al cristianismo y eventualmente fue liberada.

 María, hija de Catalina de Aragón, se había casado con su tío Felipe II, quien no correspondía a su amor. Murió sin descendencia, cinco años después de haber asumido el reinado. Cuando Isabel llegó al trono se propuso que Inglaterra volviera al Protestantismo; de hecho, uno de sus mayores legados fue establecer y afianzar una vertiente inglesa de protestantismo.

 Inglaterra enfrentaba una guerra sin cuartel con Francia, una economía débil, conflictos religiosos y conspiraciones contra la corona. En esas circunstancias se consideró la opción de que Isabel se casara con el viudo Felipe II, a quien ella veía con buenos ojos, para afianzar una alianza muy conveniente para España e Inglaterra. La unión se frustró cuando Felipe II se enteró de que la soberana padecía cierta incapacidad para engendrar. Se cree que este rechazo hizo a la reina tomar la decisión radical de jamás casarse, e incluso de lanzar una persecución contra católicos y calvinistas. Esto provocó que el Papa Pío V la excomulgara y que ella reaccionara fundando la Iglesia Anglicana, separada del Vaticano.

 Dotada de una personalidad autócrata, o de gran seguridad, Isabel tomaba todas las decisiones; pero tuvo la inteligencia de hacerse rodear de excelentes consejeros, a quienes atribuía los errores y hurtaba el crédito de los aciertos. Pactó la paz con Francia, desarrolló el comercio nacional, expandió el internacional y la moneda inglesa recuperó su fortaleza. Se establecieron la Bolsa Real de Londres y la Cámara de Comercio, y se inició el desarrollo de la industria y la economía; además Shakespeare, Spencer y Marlowe ocupaban la vanguardia del renacimiento inglés. En contraste, Isabel protegía a los piratas que saqueaban galeones españoles o traficaban con esclavos, para beneficio de la economía del reino. A los más exitosos incluso los hizo nobles, como a Sir Walter Raleigh.

 Los conflictos religiosos y las intrigas no cesaban durante el reinado de Isabel; el foco de la mayoría era su prima María Estuardo, reina de los escoceses, quien reclamaba para sí el trono inglés. Perdió la corona de Escocia en 1568 y se refugió en Inglaterra, donde Isabel la encarceló casi 20 años. Cuando se descubrió un complot para asesinar a Isabel y coronar a María, la soberana mandó decapitar a su prima en la Torre de Londres en 1587.

 El católico Felipe II, cansado de los abusos de los piratas contra las naves españolas, organizó la “Armada Invencible” para atacar la isla británica... pero fracasó. El malogrado intento hispano de invadir Inglaterra convirtió a España en la máxima amenaza para la independencia inglesa de este país, desde que Isabel I asumiera la corona. Fue entonces que la soberana, siempre popular además de brillante oradora, se constituyó en centro en torno al que se unió la nación contra el país enemigo; así, Inglaterra llegó a ser potencia marítima.

 Pese a la presión de sus detractores, Isabel siempre se rehusó a casarse -aunque se le atribuyen algunos amoríos-. Utilizaba la promesa de matrimonio para fines diplomáticos, pero mantuvo su independencia hasta el final de sus días. Murió en Richmond el 24 de marzo de 1603 y la sucedió Jaime VI de Escocia, hijo de María Estuardo, su difunta prima.

Texto:  Alfonso López Collada ± Foto: Primavera de los Pueblos / SENYERES / GdeFon.ru / MAPA LONDRES / ALL FREE

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