Constructor del nuevo Singapur

Autor de la transformación de una colonia subdesarrollada, en país vanguardista del mundo

Libertador, padre de la patria y dictador de mano dura son algunos de los epítetos con los que partidarios y detractores llaman a Lee Kuan Yew dentro y fuera de la “Ciudad de León”, pero lo cierto es que Lee Kuan Yew fue el encargado de sacar a Singapur de la pobreza y subdesarrollo para convertirlo en uno de los países con mayores ingresos de Asia.

Kuan Yew es el gran constructor político e ideológico de la pujante nación asiática a partir de 1959; fue quien participó en la separación de Singapur de la Federación Malaya en 1965, y la transformó de colonia relativamente subdesarrollada y sin recursos a nación de primer mundo.

Nació en Kampong Java Road, en Singapur, el 16 de septiembre de 1923, en una familia de origen chino formada por Lee Chin Koon y Chua Jim Neo. En 1950 se casó oficialmente con Kwa Geok Choo, con quien tuvo dos hijos (Lee Hsien Loong, actual Primer Ministro de Singapur, y Lee Hsien Yang) y una hija (Lee Wei Ling).

En 1959, Lee Kuan fue elegido Primer Ministro. Su partido, Acción del Pueblo (People’s Action Party) propone la integración de la Federación de Malasia, que se concreta en 1963. Poco después, las diferencias se manifiestan en 1964 y la secesión de la República de Singapur es acordada, siendo proclamada el 9 de agosto de 1965.

Por ello, a Kuan Yew se le considera el padre de la patria. Ejerció un régimen estricto en lo social, pero profundamente capitalista, que impulsó la economía de la joven nación hasta convertirla en país vanguardista.

Durante su mandato promovió la idea de los valores asiáticos frente a la democracia occidental, como modelo de desarrollo para las sociedades de Asia Oriental. Desde entonces, Singapur se ha caracterizado por la estricta aplicación de sus medidas controvertidas, como la prohibición de comerciar el chicle. 

 

 

 

Han destacado sus intentos de “ingeniería social”, así llama Kuan a la idea de construir una “Gran China”. “La afinidad de raza, cultura y lengua es la base de las relaciones de negocios”, enfatiza Lee Kuan Yew, refiriéndose a los chinos en el exterior.

Lee Kuan Yew tomó las riendas del pequeño país del sureste asiático, y en cuestión de 20 años encendió el debate entre los teóricos de la ciencia política. El último libro del exprimer ministro de Singapur, “The Grand Master’s Insights on China, the United States, and the World”, (Perspectivas del gran maestro en China, Estados Unidos, y el mundo) es una provocación constante.

Aunque peca del optimismo de algunos liberales, no se anda con rodeos sobre algunas ideas preestablecidas en Occidente acerca del orden internacional, el futuro de China y Estados Unidos, la democracia, el multiculturalismo y las claves del milagro económico en Singapur.

A su juicio, el idioma inglés le concede una gran ventaja a EE. UU. sobre China. “El uso del inglés le permite a Estados Unidos atraer millones de anglohablantes con talento desde Asia y Europa”, afirma en el texto mencionado. 

Lee Kuan Yew fue el único mandatario en Singapur desde 1959 hasta 1990, cuando por su propia voluntad decidió dejar el cargo para dar paso a la siguiente generación de políticos. Goh Chok asumió el cargo en 1990 y creó un ministerio sin cartera para Lee Kuan Yew nombrándole Senior Minister. Años más tarde, Goh Chok Tong decidió dejar el cargo en 2004, y Lee Hsien Loong, hijo de Kuan Yew, asumió el cargo de primer ministro; en ese momento su padre pasó de ser llamado Senior Minister a Mentor Minister.

 

 

 

 

 

SU VISIÓN DE LA DEMOCRACIA

Lee Kuan Yew no gobernó Singapur en el modelo tradicional de democracia liberal y siempre ha creído que la democracia no supone ninguna panacea.

En su opinión, “cuando gobiernas en democracia, para ganar votos y a tus oponentes tienes que prometer y dar más a tus electores, por lo que, al final, el gobernante se sitúa en el núcleo de un remolino de subasta interminable, con un gran costo: el déficit y la deuda para la siguiente generación”, afirma en su reciente libro.

Su diatriba a la democracia le sirve para responsabilizarla de todos los males que aquejan a las sociedades occidentales. “Ley y orden fuera de control, la multiculturalidad, manifestaciones, drogas, armas, raptos y crímenes, pobreza en medio de la riqueza, exceso de derechos del individuo a costa de la comunidad. En Estados Unidos, los intereses de la sociedad han sido sacrificados a causa de la sobreprotección de la sociedad para sus delincuentes”.

La facilidad y claridad con la que Lee Kuan Yew se explica y su forma de entender el mundo es fascinante: “Si usted le dice a la gente que el mundo es complicado, no está haciendo su trabajo de científico social. La gente ya sabe que el mundo es complicado. Su trabajo consiste en destilarlo, en simplificarlo y dar una poderosa explicación a cada fenómeno”.

No es de extrañar que los tres héroes políticos de Lee sean Charles de Gaulle, Winston Churchill y Deng Xiaoping, el líder chino que inició la reforma económica en la década de los 80. La explicación a su admiración personal es que cada uno de ellos sostuvo una mano débil en un momento crítico en la historia, y a través de agallas y determinación, lograron ganar.

Al igual que sus tres héroes, Lee Kuan Yew comenzó con una mano débil en Singapur, pero al comprobar los resultados ha demostrado ser un hombre sabio para el mundo.

Lee Kuan Yew es el responsable de transformar a Singapur en 30 años de una pobre y abandonada isla a la primera economía industrializada del planeta Tierra. Desde su fundación como Estado independiente, en 1965, su líder Lee Kuan Yew, también conocido como Harry Lee, repetidamente manifestó que la clave y única opción para el avance del país era el entrenamiento, el desarrollo y la calificación de la fuerza de trabajo.

Esta realidad es, sin lugar a dudas, la más grande e importante lección que deben aprender muchos líderes mundiales. La implementación de estos tres componentes ha sido determinante en el éxito económico de Singapur.

El progreso alcanzado en 30 años por Singapur no lo ha logrado ningún otro país del mundo. Singapur era un Estado de pobreza crítica y de tremendo atraso, con ingreso per cápita inferior a 400 dólares y tasa de desempleo superior a 14 por ciento. Ahora es uno de los principales Dragones de Asia, con un ingreso per cápita de 16.500 dólares, el más alto de Asia-Pacífico, después de Japón, y sobre todo con pleno empleo. 

Lee Kuan Yew, en un viaje que realizó a Jamaica, dijo: “Si me hubieran dado una isla de este tamaño, cerca de Estados Unidos, en lugar de una tan pequeña, pobre y sucia, cuánto habría podido hacer”.

 

 

 

 

 

 

 

Encontró a Singapur muy pobre, la gran mayoría de viviendas eran chozas construidas sobre estacas para defenderse de las amenazas de las cobras y de los tigres de Bengala. Hoy Singapur es la perla de Oriente. Posee la mejor y más eficiente infraestructura de telecomunicaciones del mundo.

Después de Tokio o Hong Kong está ubicada en Singapur la mayor concentración de bancos e instituciones financieras. Posee además el edificio más alto de Asia, perteneciente al Banco Overseas Union, y también el Westin Stamford Hotel, el más alto del mundo.

Pero también se percibe el orden con mano dura: está prohibido mascar chicle, las multas operan inmediatamente por vía electrónica. Los traficantes de drogas son condenados a la pena de muerte. En otras palabras, Singapur es una ciudad que tiene la opulencia de Beverly Hills y la eficiencia de Suiza, predicen que se transformará en poco tiempo en la primera ciudad para no fumadores del mundo.

Actualmente, este pequeño Estado-nación, con casi 3 millones de habitantes, se ha convertido en el país más competitivo del mundo. Es uno de los emporios comerciales y de servicios más importantes de los países de Asia-Pacífico. Sus puertos marítimo y aéreo son los más eficientes del mundo. Tiene el segundo puerto de carga y el primero de contenedores. Alberga 3 mil transnacionales. Tiene la tercera capacidad de refinamiento de petróleo sin ser país petrolero. Y lo más curioso es que carece de recursos naturales, pues hasta el agua potable tiene que importar de Malasia.

Texto: Francisco Gutiérrez Muñoz ± Foto: FTPDA/ STATICK/ singapolitics/ bp/ EDR/ akamaid/ MT/ WPD/ CVO/ STRAIT