El cineasta oriundo de Italia, Rino Stefano Tagliafierro, hizo lo inimaginable: dotar de vida a las obras maestras del Prado en celebración de su 200 aniversario.

El Museo del Prado es, por mucho, el más conocido de Madrid y uno de los museos de arte más importantes de todo el mundo. Abrió sus puertas al público por primera vez en noviembre de 1819 y es una obra maestra del arquitecto español Juan de Villanueva.

La colección que alberga se basa principalmente en pinturas de los siglos XVI al XIX creadas por los mejores: Diego de Velázquez, El Greco, Peter Paul Rubens, El Bosco, y Francisco de Goya, por mencionar algunos.

Rino Stefano Tagliaferro, de 40 años, descubrió en 2014 la forma ideal de fusionar su creatividad y pasión por el arte al animar grandes cuadros. Inició con Beauty, un corto de casi 10 minutos cuyo tema central era la vida y la muerte poniendo en movimiento obras tan célebres como David con la cabeza de Goliat de Michelangelo da Caravaggio.

Centrándose en su regla que establece que las imágenes deben ser funcionales a una narración, creó Belleza y locura una producción de El País Semanal con duración de cuatro minutos. El resultado, una treintena de cuadros animados, que van desde Un chiquillo sentado, de Manzano, a Las meninas, de Velázquez, o Las tres Gracias, de Rubens.

En, literal, un respiro, el viaje de Tagliafierro revive una obra tras otra. Por ejemplo, la pintura de Goya, El 3 de mayo de 1808 en Madrid resucita en un ritmo de uno, dos tres: el hombre de blanco sacude los brazos; los soldados levantan fusiles y apuntan; otro agacha la cabeza y resuenan los tambores. En un abrir y cerrar de ojos, otra joya aparece.

 

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