Las mágicas vistas del acantilado de Etretat, en Normandía, inspiraron a Claude Monet, el padre del impresionismo francés, quien logró capturar su esencia en sus óleos al amanecer, al medio día, casi atardeciendo, en invierno, en primavera, con sol, o con lluvia.

Una de las principales características del pintor era su fanatismo por los cambios de luz en un mismo sitio; su máximo amor, el agua y los reflejos en ella. A base de pinceladas de color puro Monet no logró solo captar el instante, sino reproducir el momento. Su estudio au plein-air, el aquí y el ahora.

La obra de Monet lleva por nombre Falaises d´Étretat y data de 1886. Asimismo, otros artistas como Eugène Bodin y Gustave Corbet dieron a conocer con sus cuadros los jardines de la costa francesa.

Por otro lado, el más famoso de los acantilados, que alcanzan hasta los 150 metros, es un arco de piedra sumergido en el mar conocido como Ojo de la Agua o Trompa del Elefante, por su característica forma y es un lugar que cautivó al escritor Guy de Maupassant.

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