En marzo de 2018, Olivier Valmier, experto en arte asiático de Sotheby's París, recibió una llamada de una mujer que había perdido recientemente a su marido y estaba vaciando su casa para mudarse al campo.
Le habló de algunos objetos originarios de Asia: una túnica con motivos de dragones, un incensario, un espejo en una caja lacada y un jarrón pintado con animales, pero le explicó que no podría enviarle fotografías.
Al saber que el incensario venía acompañado de una factura de la Exposición Universal de París de 1867, Valmier se interesó. Le pidió que le trajera los objetos para enseñárselos, pero ella insistió en que estaba demasiado lejos y que podría hacerle perder el tiempo. Finalmente, accedió a traer un objeto para que lo examinara, y Valmier eligió el jarrón.
Llegó a la oficina de Valmier con el jarrón envuelto en papel de periódico, dentro de una vieja caja de zapatos y envuelto en una bolsa de plástico. Asombrados, Valmier y sus colegas examinaron detenidamente la pieza de porcelana. Si se trataba de una copia de buena calidad de finales del siglo XIX o principios del XX, podría valer 100,000 euros.
Pero esto sí que era auténtico: un jarrón del siglo XVIII increíblemente raro, producido por los famosos talleres de Jingdezhen para la corte del emperador Qianlong, en perfecto estado. En palabras de Valmier: «Era como si acabáramos de descubrir un Caravaggio».
El jarrón pertenecía a la porcelana china Famille-rose o «yangcai», conocida por sus colores vibrantes y su exquisita elaboración. La pintura, de gran complejidad, requería un trabajo minucioso para lograr un efecto lujoso y con múltiples capas. Este jarrón en particular presenta una extraordinaria escena pintada a mano con detalles meticulosos de ciervos, grullas, montañas y bosques.
Este tipo de porcelana se produjo en cantidades extremadamente limitadas y los demás ejemplares que se conservan se encuentran principalmente en museos de todo el mundo, incluido el único jarrón comparable, de tamaño y forma similares (aunque con imágenes diferentes), que pertenece al museo Guimet de París.
Sotheby's predijo inicialmente que el jarrón valdría alrededor de 700,000 euros, pero después de una intensa puja de veinte minutos cuando salió a subasta en París, se vendió por la cifra sin precedentes de 16’182,800 euros (18’644,850 dólares), un nuevo récord para cualquier porcelana china vendida en Francia en una subasta.
La conexión real con el emperador Qianlong otorgó al jarrón una importancia aún mayor, y la extrema rareza de su obra permitió a los expertos de Sotheby's establecer vínculos directos con el inventario imperial del siglo XVIII, que solo registra dos pares de jarrones con diseños que coinciden con el de la pieza recién descubierta. Un par fue encargado en 1765 para ser entregado a uno de los "Salones de Buda", áreas destinadas al culto privado del emperador, y el otro fue encargado como regalo de cumpleaños en 1769.
¿Dónde había estado escondido un artefacto tan valioso y extraordinario antes de llegar, dentro de una caja de zapatos, a Sotheby's París? De hecho, había sido legado a los actuales propietarios por sus abuelos, quienes a su vez lo habían recibido en el testamento de un tío que falleció en 1947.
Una investigación más exhaustiva reveló que este tío sentía una evidente pasión por el arte asiático, ya que varios de los otros objetos chinos y japoneses de la colección también fueron vendidos por Sotheby's.
Se desconoce cómo llegó a poseer el jarrón, aunque los registros familiares sí incluyen detalles adicionales, como que un antepasado recibió el incensario de Satsuma como regalo de bodas.
Irónicamente, a los desprevenidos dueños no les gustó especialmente el jarrón –era "demasiado rosa" para su gusto–, por lo que terminó guardado en una caja en el ático, donde fácilmente podría haber permanecido oculto durante tres generaciones más.