Seis escapadas en seis hoteles donde el diseño trasciende la decoración para convertirse en una declaración impactante. Desde el maximalismo audaz y el estilo teatral hasta la artesanía sutil y el minimalismo consciente.

Estos hoteles fusionan cultura, innovación y arte, creando experiencias inmersivas que redefinen la hospitalidad y cautivan los sentidos.

 

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▪ Patina Maldives, Islas Fari, Maldivas. En el Atolón Norte de Malé, Patina Maldives es una sinfonía de calma. El brasileño Marcio Kogan y Studio MK27 diseñaron un resort que flota como un espejismo sobre la arena blanca.

Madera sostenible, hormigón texturizado y geometrías puras dialogan con el mar y el cielo. Las villas, estratégicamente orientadas, ofrecen la intimidad del aislamiento y el privilegio de un horizonte infinito.

▪ Boca de Agua [foto inicial], Bacalar, México. En la Laguna de los Siete Colores, la arquitecta Frida Escobedo firma un proyecto que parece levitar sobre pilotes. Boca de Agua es un refugio que honra la selva y la laguna, filtrando luz y brisa a través de celosías de madera local.

El diseño, inspirado en técnicas ancestrales y potenciado por innovación sustentable, ofrece suites que invitan a la contemplación lenta. Captación de agua pluvial, refrigeración pasiva y construcción modular no restan un ápice de sofisticación.

 

▪ Hotel Ulysses, Baltimore, Estados Unidos. El exceso se convierte en arte en el Ulysses, un maximalismo teatral firmado por Ash. Ubicado en un edificio de 1912, sus interiores parecen un guion de Wes Anderson: terciopelos intensos, mármol, estampados felinos y lámparas de cristal conviven en un lujo irreverente.

Cada habitación es un set cinematográfico, un escenario íntimo de exuberancia. En la planta baja, un café que invita a la indulgencia diurna y un bar inspirado en fumaderos de opio completan esta experiencia hedonista.

 

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 Hotel Luma, Kota Kinabalu, Malasia. Borneo se traduce en arquitectura en el Hotel Luma. Transformado por Seshan Design a partir de un edificio de oficinas, el hotel celebra lo local con una monumental escalera de caracol tallada en madera Sabahan, como un tótem de la selva ancestral.

Sus 115 habitaciones, minimalistas con inspiración japonesa, respiran con materiales locales como rafia y madera Sarsi. Luma significa “hogar” en lengua Bajau, y eso ofrece: calidez, autenticidad y lujo consciente, con sostenibilidad.

 

▪ Twelve Senses Retreat, Encinitas, California. En la sofisticada sencillez californiana, transforma una casa de los años 50 en un santuario holístico. La madera Kebony trabajada con la técnica japonesa Shou Sugi Ban, los azulejos reciclados de plásticos oceánicos y los interiores inspirados en los elementos –Fuego, Agua, Tierra y Aire– evocan una experiencia casi espiritual.

Solo cuatro suites, cada una un manifiesto de diseño táctil, íntimo y sostenible. Alimentado con energía solar y enraizado en el savoir-faire local, este retiro es un lujo para el cuerpo y el espíritu.

 

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▪ Carlota, Quito, Ecuador. En el corazón de La Mariscal, Carlota destila cultura quiteña en clave contemporánea. Colores intensos, azulejos pintados a mano, maderas recuperadas y mobiliario artesanal se combinan en una propuesta donde el diseño se vive y se toca.

Su terraza regala vistas al cielo andino y su bar celebra los sabores ecuatorianos con coctelería de autor. Comprometido con la sostenibilidad, Carlota honra la tradición y la reinventa con estilo cosmopolita. Una joya urbana donde el diseño es un tributo a la identidad.