Continúa en el Ártico la expedición de dos navegantes españoles que buscan dar la Vuelta Vertical al mundo pasando por las dos regiones polares en una travesía de un año.
Tras cruzar 9,000 millas sin escalas –unos 17,000 km – desde Chile hasta Alaska, la aventura entra en la cuarta y más incierta etapa de su vuelta al mundo en velero entre la Antártida y el Ártico. Ahora navega entre hielo, al norte del Círculo Polar Ártico, rumbo a Groenlandia.
Han pasado casi nueve meses desde que salieron de Castellón, el 15 de noviembre de 2025, para atravesar los cinco océanos, completar la etapa antártica y conectar después con el Ártico a través del Paso del Noroeste, todo dentro de un mismo año de navegación.
Desde entonces, la expedición compuesta por Pedro Jiménez y Paula Gonzalvo, a bordo del Alegría Marineros, dejó atrás el Mediterráneo, el Atlántico, los Mares del Sur, la región antártica, el Índico y el Pacífico de sur a norte, desde Chile hasta Alaska. Ahora acaba de completar uno de sus mayores hitos: la entrada en el Ártico. Un escenario nuevo donde el éxito depende de factores aleatorios como la meteorología o la presencia de hielo.
Esa cuarta etapa, tras haber atravesado el estrecho de Bering y navegado por el mar de Chukchi, les tiene ahora en el mar de Beaufort, al norte del Círculo Polar Ártico. En estos momentos, la tripulación está formada por siete navegantes: Pedro Jiménez, capitán; Paula Gonzalvo, segunda al mando y responsable de estrategia y planificación de ruta; David Boquera, Concha Gómez, Juan Sisto, Joseani Octaviani y Juan Pablo Barros.
Hay zonas de la costa donde la concentración de hielo crea auténticos tapones infranqueables para un velero. En otros momentos, el Alegría Marineros consigue avanzar entre placas utilizando estrechos corredores de agua libre. Pero esos caminos pueden desaparecer. Un cambio de viento puede desplazar y comprimir el hielo, cerrando en pocas horas una zona que anteriormente parecía navegable.
“Después de cruzar el Pacífico a dos apenas tuvimos tiempo de celebrar lo que habíamos conseguido. Ahora estamos navegando entre hielo y cada día empieza con la misma pregunta: ¿habrá camino para seguir hacia Groenlandia?”, explica Paula Gonzalvo.
Las grandes dificultades de esta cuarta etapa
Hay ocasiones en las que el barco queda prácticamente rodeado de hielo. Entonces uno de los tripulantes sube al mástil para buscar desde altura una posible salida entre las placas. Cuando las condiciones lo permiten, lanzan también un dron para estudiar desde el aire posibles corredores. El objetivo no es atravesar el hielo. Es encontrar agua entre el hielo. Y se navega sin saber si mañana habrá camino.
El Ártico ha introducido además una vigilancia que nunca había sido necesaria durante las más de 32,000 millas anteriores, y es la debida a la presencia de osos. Los siete tripulantes mantienen guardias permanentes no solo para detectar hielo y controlar la navegación, sino también ante la posible presencia de osos polares, especialmente cuando el barco está detenido o próximo a zonas de hielo y costa. La vigilancia, por tanto, ya no termina en la proa del barco.
Laberinto de islas, estrechos y canales
El Paso del Noroeste atraviesa un complejo laberinto de islas, estrechos y canales del Ártico canadiense y permite comunicar los océanos Pacífico y Atlántico. Sobre un mapa parece un enorme atajo. En la realidad, continúa siendo una de las rutas marítimas más imprevisibles del planeta.
Su ventana navegable es corta, cambia cada temporada y depende de la concentración, el espesor y el movimiento del hielo. Esa incertidumbre es una de las razones por las que, pese al considerable ahorro de distancia que puede representar en determinadas rutas, nunca se ha consolidado como una gran vía comercial regular comparable con los corredores marítimos tradicionales.
Para Vuelta Vertical, esa misma incertidumbre condiciona ahora cada jornada. La intención es continuar a través del Ártico canadiense, completar el Paso del Noroeste y alcanzar finalmente Nuuk, Groenlandia. Pero no existe ninguna garantía de conseguirlo. Si el hielo no ofrece una ruta suficientemente segura, la expedición tendrá que esperar, detenerse o regresar.