El Reloj de Mesa Colmena se convierte en una expresión directa de los valores que constituyen la esencia de Chopard Manufacture: energía, precisión y saber hacer colectivo.
Este simbolismo se revivió en 1996, cuando Karl Friedrich Scheufele decidió adoptar la abeja como emblema de Chopard Manufacture en Fleurier, rindiendo homenaje al legado de Louis Ulysse Chopard, que ya utilizaba el motivo de la colmena en el siglo XIX. En los primeros relojes de bolsillo las colmenas estaban delicadamente grabadas en los puentes del movimiento y en las cajas con tapa abatible.
Hoy en día, la colmena también tiene un significado contemporáneo como símbolo de responsabilidad medioambiental, ya que las abejas desempeñan un papel esencial en los ecosistemas naturales. Este simbolismo cobra forma tangible en Chopard Manufacture Fleurier, concretamente en los jardines del Forum Chopard donde se encuentran colmenas de verdad.
Todos estos significados cobran vida hoy en día en el Reloj de Mesa Colmena, empezando por los anillos de cristal, curvados tanto en sus superficies internas como en las externas para evocar la silueta de las colmenas tradicionales utilizadas en la apicultura medieval europea. A diferencia de la geometría precisa de los alveolos naturales, estas colmenas artesanales en forma de cestas invertidas llevaban la huella única de los artesanos que las confeccionaban a mano.
Con una misma estética, tanto las platinas de latón del movimiento como la base de acero son doradas para evocar una colmena rebosante de miel. el tesoro dorado de las trabajadoras más diligentes de la naturaleza, famoso por su resistencia a la putrefacción, lo que lo hace prácticamente eterno.
Con una altura de 25.8 cm y un diámetro de 16.5 cm en su punto más ancho, el Reloj de Mesa Colmena está formado por siete niveles de anillos redondeados de cristal situados alrededor de un movimiento mecánico de varios puentes sostenido por una base reforzada de acero galvanizado. Se ha utilizado cristal de borosilicato por su excepcional claridad, su resistencia térmica y su dureza. Para preservar la pureza de la superficie exterior de los anillos, las indicaciones de las horas y de los minutos están grabadas en su cara interna, y su acabado mate garantiza una legibilidad óptima.
El exterior del Reloj está adornado con tres abejas de oro amarillo ético de 18 quilates, simbolizando las tres generaciones de la familia Scheufele. Están elaboradas a mano en el taller de Alta Relojería de Chopard en Ginebra. Cada una de ellas se ha fundido siguiendo la técnica tradicional de la fundición a la cera perdida, para luego ser minuciosamente retocada a mano y engastada con unas hileras en las que se alternan zafiros amarillos (6.45 quilates) y diamantes negros (6.29 quilates) formando las franjas del cuerpo, con espinelas negras (3.06 quilates) para los ojos.
Sus alas diáfanas, con las nervaduras engastadas con brillantes, están esculpidas en cristal de roca, un mineral natural elegido para evocar la Palma de Oro del Festival de Cannes, que se realiza en el mismo taller desde 1998. Más allá de su valor simbólico y decorativo, las abejas son funcionales. Dos de ellas están colocadas de tal manera que su aguijón sirve de referencia precisa para indicar las horas y los minutos que se muestran en los anillos giratorios de cristal. La tercera abeja está posada cerca de la parte superior del reloj, con la cabeza apuntando hacia el modo de sonería activo indicado por el selector.