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El enigma de la mirada

La exposición “Modigliani y su tiempo”, surge como proyecto conjunto entre el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja de Madrid. Entre ambas sedes, la muestra reúne un total de 126 obras, además de 40 ampliaciones fotográficas de originales de la época. La novedad de este ambicioso proyecto es que por primera vez se podrá analizar la obra de Amedeo Modigliani, artista italiano asentado en París, en diálogo directo tanto con los grandes maestros que influyeron en él – Cezanne, Picasso, Brancusi- como con sus grandes amigos de Montparnasse: Marc Chagall, Jaques Lipchitz, Chaïm Soutine, Moïse Kisling y Tsugouharu Foujita, entre otros.          

La exposición cierra con una sala dedicada a fotografías de Modigliani y de aquellos que le rodearon, junto con imágenes de los lugares en los que vivió y trabajó, quien fuera una de las figuras legendarias del arte del siglo XX.      

 Las obras reunidas en esta exposición proceden de numerosas colecciones tanto privadas como de museos e instituciones. Así, la muestra reúne obras de la National Gallery of Art de Washington, la Tate de Londres, el MoMA de Nueva York, la Association des Amis du Petit Palais de Ginebra, la Staatsgalerie Stuttgart, el Guggenheim de Nueva York, así como de diversas colecciones privadas.          

 

 

 

 

 Amedeo Modigliani, nace en la ciudad italiana de Liorna, en el seno de una familia burguesa judía en 1884. Probablemente no haya otro artista de la vanguardia tan cargado de leyendas y clichés que idealizan el mito del artista bohemio y desenfrenado. Lo cierto, es que sus retratos y desnudos figuran entre los más populares del siglo XX. Murió a los 35 años consumido por la tuberculosis. Al día siguiente su prometida se quitó la vida, arrojándose de la ventana del apartamento de sus padres, en un quinto piso.  

   Jeanne Hébuterne se encontraba en los últimos meses de embarazo y dejó huérfana a una pequeña niña, hija de ambos. En 1906 se traslada a París entrando en contacto con la vanguardia. Su obra temprana tiene influencia del Fauvismo y del Cubismo, más tarde la influencia vendrá de Cezanne, de Brancusi, del arte africano y de su propia incursión a la talla en piedra; pero si bien, participa de manera tangencial en la vanguardia, su obra tiene un carácter único que no le permite adscribirse a ningún ismo.

Quizá por ello, el reconocimiento de su trabajo comenzó en los años posteriores a sumuerte. Los retratos de Modigliani y sus desnudos comparten la particularidad de lo que fue su estilo: el alongamiento de la figura reforzado, principalmente, por los cuellos largos y las cabezas ligeramente inclinadas. Modigliani es un pintor de ojos pequeñitos y asimétricos, a veces vacíos, a veces coloreados del fondo, a veces nos miran; a veces funcionan como pivotes por los que se escapa la vida de los retratados. Las narices alargadas y las bocas diminutas y entreabiertas, irradian un aire de solitud.        

 

 

 

   Hay algo del Modigliani retratista que no comparten sus contemporáneos. Pienso por ejemplo en los retratos que produjo el expresionismo, desde otra latitud pero en lamisma época. Pienso en Emil Nolde, y en Kirchner, en como los personajes desguanzados hacían patente una especie de derramamiento de la vida, los retratos aparecían como calcetines vaciados de contenido. No sucede eso en Modigliani, él simplemente hace aparecer sus retratos como naturalezas muertas. Sin antes ni después, sin vida y sin muerte. No trata de un desbordamiento existencial, trata quizá de la vida como una mascarada. Es claro que en el ideal de belleza que persigue mediante su trabajo, coinciden el retardo, el tiempo suspendido y la espera. Sus personajes, sobre todo susmujeres, están inmersas en una atmósfera que las suspende en el borde del no-ser. Como si un antifaz las revistiera del mismo grado cero del que se constituye el fondo. Hablo del grado cero de la vida que son los objetos mismos, las puertas, los decorados de fondo. Modigliani logró los retratos más bellos que alguien pudiera pintar, pero también los más impasibles, los más inconmovibles.          

  Si sus personajes figuran como naturalezas muertas es porque en su estancia dan indicios de un recogimiento de la vida, de la mascarada retardada que dejó la vida. No sabemos si sujetos u objetos, los retratados posan acartonados, estatuarios, pétreos, ingrávidos. Tan sólo cinco años se dedicó a su vocación escultórica, lo cierto es que ésta nunca le abandona. Su pintura tiene cualidades escultóricas y dibujísticas más que pictóricas, lo vemos claramente en las numerosos Cariátides que dibujó. Incluso reconocemos en ellas la línea de Matisse.             

Pero volvamos al enigma de la mirada que plantean sus retratos. Modigliani pinta el vacío en los ojos, como suele hacer el escultor. ¿Están vacíos, llenos, nos miran? Sus personajes devuelven nuestra mirada al vacío. Como un espejo en el que uno se buscara sin encontrarse. A veces los atravesamos como si fueran transparentes, a veces son impenetrables como la materia sólida, pero en ningún momento devuelven nuestra mirada. Somos nosotros quienes no nos vemos mirar.

 

 

 

Texto: Anarela Vargas ± Foto: Cortesía Museo Thyssen-Bornemisza.

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