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·amura·
planeta azul •
blue planet
ride along the paths of the Kantemo project,
having made the latest observations to com-
plete the census of the resident and migratory
birds of the area. They stopped for a while at the
entrance to the cave to watch the bats coming
out. They watched in amazement at the great
spectacle they were witnessing on standing in
front of a dense cloud of winged mammals cir-
cling above them. It was then that they knew
that this place was special.
The chat with Arturo was contagious and
we couldn’t wait to see this wonderful place. We
arrived at the small Mayan community of
Kantemo, where our guides were waiting for us
who had prepared some bikes for ride along the
2 kilometers of beautiful pathway that would
lead us to the much awaited cave. We arrived
with barely enough time to mount our video
cameras on their bases.
The last rays of sunlight had barely disap-
peared when a large flock of bats appeared;
there were so many that they looked like a
plague of insects. But the most exciting thing
was when Arturo told us to walk towards the
cave; so we did, lit only by small helmet lamps
lent to us by the townspeople. We were in total
darkness and on a staggered path, we didn’t
know what we would find, we just followed our
guides and Arturo who walked with the sure-
footedness of a man of the country.
We headed to where the flock of bats was
most dense. It wasn’t long before our guides
cuando retornaban de un recorrido en bicicleta por los
senderos del proyecto Kantemo, después de realizar las
últimas observaciones para completar el censo de aves
residentes y migratorias del área. Pararon un momento
en la entrada de la cueva para observar la salida de los
murciélagos y quedaron impresionados por el grandio-
so espectáculo que presenciaban, al estar parados fren-
te a una densa nube de miles de mamíferos alados
revoloteando sobre ellos. En ese momento supieron
que el lugar era especial.
La plática de Arturo era contagiosa y no podía-
mos aguantar más las ganas de conocer tan maravi-
lloso lugar. Llegamos a la pequeña comunidad maya
de Kantemo, donde ya nos esperaban los que fueron
nuestros guías, quienes tenían preparadas unas bici-
cletas para recorrer los escasos dos kilómetros del
bello sendero interpretativo que nos llevaría a la tan
mencionada cueva. Llegamos con apenas tiempo de
poder montar las cámaras de vídeos en sus bases.
Apenas se ocultaron los rayos del astro rey cuan-
do un gran número de murciélagos hicieron su apari-
ción, eran tantos que parecían una plaga de insectos.
Pero lo más emocionante fue cuando Arturo nos dio
instrucciones de caminar hacia la cueva. Y así lo hici-
mos, sólo iluminados por pequeñas lámparas de
cabeza que los amigos del poblado nos habían pro-
porcionado. La oscuridad era absoluta y el camino
sinuoso, no sabíamos con qué nos podíamos encon-
trar, sólo seguíamos a nuestros guías y a Arturo que
caminaba con seguridad de hombre de campo.
Nos dirigimos adonde era mayor el flujo de murcié-
lagos. No pasómucho tiempo para que nuestros nuevos