Nueva Zelanda - page 105

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planeta azul •
blue planet
·amura·
well as from the Central and Western Pacific and the
Indian Ocean. This great concentration of life is due to
marine currents that converge here and turn the island
into a meeting point.
Isla de Cocos, which belongs to Costa Rica, is locat-
ed in the central Pacific and is only accessible by sea.
My adventure began when I boarded a boat in the
small port of Punta Arena and sailed the 350 miles
that separates the island from the continent: in other
words, we spent 36 hours on board and enjoyed pleas-
ant conversations, good books and the presence of
the ever-playful dolphins. The beating of my heart
increased as soon as, in the distance, I saw the almost
mystic silhouette of the island.
The adventure began almost as soon as the boat
dropped anchor in Chatham Bay. Excitedly, we pre-
pared our diving, photography and movie equipment
and broke through the mirror of the water, which is
warm and transparent and shelters huge quantities
of marine life. From the moment we started our
descent, enormous schools of jurels opened in front
of us and closed immediately behind. When we
reached the bottom, different types of manta rays
made their appearance as did flounders, octopi and
trumpet fish. All of sudden, as if out of nowhere, an
enormous school of unmistakable hammer sharks
appeared. This was one of the marine creatures I was
most anxious to see. They get so close that you can
feel their curious gaze. We also saw silky and
Galápagos sharks, which command all my respect.
cidental y del oceáno Indico. Esta gran concentración de
vida se debe a las corrientes marinas que convierten a la
isla en un punto de convergencia.
La Isla de Cocos, que pertenece a la república de
Costa Rica, está ubicada en el oceáno Pacífico Central, y
el único modo de acceso es por vía marítima. Mi aventu-
ra comenzó al abordar el barco en el pequeño puerto de
Punta Arenas, para recorrer las 350 millas que separan a
la isla del continente. Eso quiere decir que navegamos
36 horas, durante las cuales disfrutamos de amenas
charlas, buenas lecturas y la presencia de los siempre
juguetones delfines. Mi ritmo cardiaco empezó a cam-
biar en cuanto, a lo lejos, pude distinguir la silueta casi
mística de la isla.
La aventura comienza cuando el barco ancla en la Ba-
hía Chatham. Nosotros, ansiosos, preparamos nuestros
equipos de buceo, así como de filmación y fotografía para
romper con ellos el espejo del agua. El agua es cálida y
transparente. Lo que más llama la atención es la gran can-
tidad de vida marina. Desde que empezamos a descender,
los enormes bancos de jureles nos abrían paso, cerrándose
inmediatamente después. Ya en el fondo, las rayasmármol
hicieron su aparición, así como los peces lenguados, pul-
pos, peces trompeta y las rayas móvilas. De pronto, apare-
ciendo de la nada, se presentó una enorme escuela de
inconfundibles tiburones martillo, uno de los seres mari-
nos que más ansiábamos ver. Pasan tan cerca que se pue-
de sentir su curiosa mirada. Y los tiburones sedosos, así
como los galápagos, realmente me imponen respeto. Las
mantas gigantes parecían volar sobre nuestras cabezas,
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