Más de una década después de la firma del Acuerdo de París, el mundo sigue emitiendo gases de efecto invernadero a un ritmo récord.

En todo el mundo, tanto en tierra como en los océanos, el drástico descenso de las poblaciones de plantas, animales e insectos ha desatado el temor de que el planeta Tierra esté entrando en su sexta extinción masiva, con consecuencias catastróficas tanto para las personas como para la naturaleza.

Inspirados por el Día Internacional de la Conciencia por los Tiburones –14 de julio–, en México se conmemora el Mes Nacional del Tiburón durante julio, una iniciativa de SEMA Quintana Roo (Secretaría de Medio Ambiente), SOMEPEC (Sociedad Mexicana de Peces Cartilaginosos) y Fundación Saving Our Sarks. 

Durante años, los mercados financieros ignoraron las señales de alerta que anticipaban la crisis hipotecaria de 2008. Mientras los inversionistas celebraban rendimientos inmediatos, el verdadero valor de los activos se deterioraba silenciosamente hasta provocar un colapso global. Hoy, diversos especialistas advierten que la economía azul podría estar recorriendo un camino inquietantemente similar.

Hay destinos que se visitan y otros que se viven. El sureste de Alaska pertenece a esta última categoría: un territorio donde la naturaleza impone el ritmo, los glaciares dominan el horizonte y la vida silvestre se manifiesta con una intensidad difícil de encontrar en cualquier otro rincón del planeta.

Hay destinos que se visitan una vez en la vida y otros que transforman para siempre la manera de entender el mundo. El archipiélago de Galápagos pertenece a esta última categoría. Declarado Patrimonio Natural de la Humanidad y considerado uno de los ecosistemas más extraordinarios del planeta, este laboratorio viviente de la evolución adquiere una dimensión completamente distinta cuando se descubre desde la cubierta de un yate de lujo.

Los océanos son mucho más que vastas extensiones de agua que cubren más del 70% de la superficie terrestre.

Desde los turistas en la playa hasta las plantas desalinizadoras en el desierto, y desde los cables de datos en el fondo marino hasta las comunidades pesqueras, el océano afecta a todo el mundo.

En las aguas cristalinas del atolón de Malé Sur, donde la belleza natural es uno de los mayores tesoros de las Maldivas, el Anantara Dhigu Maldives Resort ha dado un paso que redefine la relación entre la hospitalidad de lujo y la conservación marina.

Durante décadas, la llamada economía azul se centró en un objetivo fundamental: aprovechar los recursos marinos sin comprometer su disponibilidad para las generaciones futuras.