·amura·
133
planeta azul •
blue planet
E
l Gringo Dale llegó puntual al hotel donde nos
hospedamos en Ensenada, Baja California. Aun-
que no era temprano no estábamos listos, pues
el viaje del día anterior a la Isla Guadalupe, donde tuvi-
mos oportunidad de nadar con el gran tiburón blanco,
nos dejó agotados. Por eso es que decidimos empezar
el día a las 8 amy no a las 7, nuestra hora de costumbre.
Adormilados, nos acomodamos apretados en la ca-
mioneta tipo pick-up para dirigirnos al norte por una
carretera en muy buen estado. Durante el camino plati-
caba con los amigos Fidel, Alejandro, Miguel y Armando
acerca del mar, sus condiciones y sobre lo que podíamos
esperar de una buceada en este lugar. Armando ya había
estado ahí antes y con entusiasmo nos platicó a grandes
rasgos sus experiencias, de las cuales una llamómi aten-
ción: el tema del agua fría, a la que no soymuy adepto.
El viaje por carretera duró aproximadamente 45
minutos, durante los que el Gringo Dale no paró de
contarnos sus experiencias submarinas. Yo casi no lo
escuchaba, todo lo que quería era meterme al agua
para descubrir sus bellezas ocultas bajo el mar del
norte del Pacífico mexicano.
Por fin llegamos a un lugar turístico conocido
como la Bufadora, donde con un poco esfuerzo em-
pujamos al mar una pequeña lancha fabricada con
madera de cimbraplay, sin toldo, ni escalera, ni radio,
ni ancla; sólo unos cabos más pequeños de los que yo
estaba acostumbrado, un par de remos que, eso sí,
manejaba con destreza el capitán.
Colocar el motor de 25 caballos en la popa de la lan-
cha les llevó algo de tiempo, que aprovechamos para
revisar nuestro equipo de fotografía y para trazar un
rápido plan de buceo. Decidimos que Fidel se quedara
en tierra para atender cualquier emergencia.
T
he Gringo Dale arrived on time to the hotel
where we stayed in Ensenada, Baja Califor-
nia. Although it was early we were not ready,
because the previous day trip to Guadalupe Island,
where we had a chance to swim with the great white
shark, which left us exhausted. That’s whywe decided
to start the day at 8 aminstead of at 7, our usual time.
Sleepy, we settled, in the pick-up truck to head
north on a road in fairly good condition. Along the
way I chatted with my friends, Fidel, Alejandro,
Miguel and Armando. We were talking about the
sea, the conditions andwhat to expect fromour dive
here. Armando had been there before and enthusi-
astically told us about his experiences, one of which
caught my attention, the issue of the cold water,
which I’m not very adept for.
The road trip took about 45 minutes, during
which the Gringo Dale did not stop telling us his
underwater experiences. I was not even listening.
All I wanted was to get in the water and discover
the hidden beauties under the sea north of the
Mexican Pacific.
We finally arrived to a tourist spot known as
La Bufadora. With some effort we pushed a small
boat made out of cimbraplay wood into the sea. It
had no canopy no ladder, no radios or anchor, only
ropes somehow smaller than what I was used to,
and a pair of oars. On the positive side, the cap-
tain rowed deftly.
To place the 25 hp engine in the stern of the boat
took some time; we adjusted positions to review our
photography equipment and to chart a rapid dive
plan. We decided that Fidel should stay on land to
respond to any emergency
2.El fondo del mar
mexicano guarda
vida inexistente en
la superficie. /
The
Mexican seabed
holds a kind of life
that’s inexistent on
the surface.
2.