·amura·
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mosaico que se iba transformando mientras nos acer-
cábamos. No sabía dónde empezar a fotografiar: peces
loros salpicados de rosado y verde mordisqueaban un
coral en el que se escondían pececillos con líneas rojas
y blancas –tal vez de la variedad “halcón”-. Entre estos
pequeños nadadores se asomaron las oscuras pinzas
de un cangrejo que vivía dentro de los corales, vecin-
dario que comparte con caracoles de lustrosas conchas.
En la base de algunas piedras estaban las esponjas
de color naranja y amarillo, pero llamó más mi aten-
ción la cantidad de estrellas de mar y sus variadas for-
mas, colores y tamaños, algunas con muchas patas,
grandes como una pelota de fútbol y vestidas de rojo
vivo, otras de amarillo pálido y algunas más de azul
fuerte. Estaban agrupadas sobre la roca, formado un
enorme revoltijo de patas y cuerpos. El tiempo pasó
rápidamente y mi reserva de aire bajaba sin que yo su-
piera todavía qué fotografiar, de tanto que veían mis
ojos. El frío hacía que me dolieran los huesos.
En el lecho marino observé un cementerio de con-
chas abandonadas que parecían de mejillones. Me in-
trigó qué podía haber pasado, cómo llegaron ahí en tal
cantidad, y pronto encontré la respuesta: los negros
erizos de mar son tremendos devoradores de este tipo
de bivalvos.
Ya no veía a mis compañeros y decidí ir en su
búsqueda. Atravesé el enorme bosque de sargazos y
encontré a Miguel y a Armando fotografiando a esos
pequeños pero bellos seres marinos llamados nudi-
branquios. Miguel estaba con un ejemplar blanco de
unos 5 cm, más grande que los demás. Mientras, Ar-
mando trataba de fotografiar a uno pequeño, de lla-
composing a mosaic were being transformed as we
approached. I did not know where to start photo-
graphing. Parrotfish splashed with pink and green
nibbling a coral where small fishes adorned with
red and white lines-maybe of the variety “hawk
“were hiding -. These little swimmers loomed the
dark claws of a crab living inside corals, which
shares the neighborhood with shiny snail shells.
On the bottom of some stones, there were or-
ange and yellow sponges. What calledmy attention
themost, was the amount of starfish and its various
forms, colors and sizes, some hadmany legs, big as a
football and dressed in a live red color, others were a
pale yellow and some deep blue. They were grouped
on a rock, forming a huge jumble of legs and bod-
ies. Time was passing quickly, my oxygen reserve
was getting low and I still did not know yet, with all
I was seenwhat to photograph. The coldwater made
my bones ache.
On the seabed, I saw a graveyard of abandoned
shells which appeared to be mussels. I was in-
trigued by what could have happened, how they got
there in such numbers, and soon, I found the an-
swer, the black sea urchins are tremendous eaters
of these molluscs.
I could not see my colleagues so I decided to
go looking. I crossed a huge forest of seaweed and
found Armando Miguel who was photographing
some small but beautiful marine creatures called
“nudibranchs”. Miguel was with another creature of
about 5 cm, larger than the others. Meanwhile, Ar-
mando was trying to photograph a beauty of strik-
planeta azul •
blue planet
6. La forma de los
animales recuerda
la de flores exóticas
/
The shape of
animals resembles
that of exotic
flowers
6.